domingo, 16 de enero de 2011

PRINCIPIOS BASICOS DE LA BIBLIA

3.2 LA PROMESA EN EL EDÉN

En Génesis capítulo 3 se relata la historia de la caída del hombre. La serpiente fue maldecida por tergiversar la palabra de Dios y tentar a Eva para que desobedeciera. El hombre y la mujer fueron castigados por su desobediencia. Pero surge un rayo de esperanza en este oscuro panorama cuando Dios le dice a la serpiente:

"Pondré enemistad [odio, oposición] entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta [la simiente de la mujer] te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Gn. 3:15).

Este versículo encierra una enseñanza múltiple; necesitamos definir cuidadosamente los diversos elementos que ahí se mencionan. Una "simiente" significa un descendiente o hijo, pero también puede ser plural y significar descendientes o hijos. Más adelante veremos que la "simiente" de Abraham era Jesús (Gal. 3:16), pero que si nosotros somos "en" Jesús por medio del bautismo, entonces también somos la simiente (Gal. 3:27-29). Esta palabra "simiente" se refiere también a la idea de esperma (1 P. 1:23); así que una verdadera simiente tendrá las características de su padre.

Por consiguiente, la simiente de la serpiente debe referirse a lo que tiene semejanza familiar con la serpiente:

-distorsiona la palabra de Dios

-miente

-conduce a otros hacia el pecado

En el Estudio 6 veremos que no existe una persona literal que haga esto, sino que es algo en nuestro interior:

-"nuestro viejo hombre" de la carne (Ro. 6:6).

-"el hombre natural" (1 Co. 2:14).

-"el viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos" (Ef. 4:22).

-"el viejo hombre con sus hechos" (Col. 3:9).

Este "hombre" de pecado que está dentro de nosotros es el "diablo" de la Biblia, la serpiente.

La simiente de la mujer había de ser una persona específica: "Tú [la serpiente] le herirás en el calcañar" (Gn. 3:15). Esta persona había de destruir para siempre a la serpiente, es decir al pecado: "te herirá en la cabeza". Pegarle a una serpiente en la cabeza es asestarle un golpe mortal, en vista de que su cerebro está en su cabeza. La única persona como probable candidato para simiente de la mujer tendría que ser el Señor Jesús:

-"Jesucristo, el cual [por medio de la cruz] quitó la muerte [y por lo tanto el poder del pecado – Ro. 6:23] y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio" (2 Ti. 1:10).

-"Dios, enviando a su hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó el pecado en la carne", es decir, al diablo de la Biblia, la serpiente (Ro. 8:3).

-Jesús "apareció para quitar nuestros pecados" (1 Jn. 3:5).

-"Llamarás su nombre Jesús [que significa ‘salvador’], porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt. 1:21).

Jesús fue literalmente "nacido de mujer" (Gal. 4:4). Era hijo de María, aunque su Padre fue Dios. En este sentido, él fue también la simiente de la mujer, pero no la simiente del hombre, puesto que no tuvo padre humano. Esta simiente de la mujer había de ser herida temporalmente por el pecado, la simiente de la serpiente: "Tú le herirás en el calcañar" (Gn. 3:15). La mordida de una serpiente en el talón es normalmente una herida temporal en comparación con el daño irreparable en una serpiente al golpearle en la cabeza. Muchas figuras de dicción tienen raíces bíblicas: ‘Golpearlo en la cabeza’ (es decir, detener o terminar algo por completo) probablemente se basa en esta profecía acerca de Jesús quien golpeó a la serpiente en la cabeza.

La condenación del pecado, la serpiente, ocurrió mediante el sacrificio de Cristo en la cruz; note cómo los versículos ya citados hablan de la victoria de Cristo sobre el pecado en tiempo pasado. Por lo tanto, la herida temporal que Jesús sufrió en el talón es una referencia a su muerte por tres días. Su resurrección demostró que ésta fue sólo una herida temporal en comparación con el golpe mortal que él dio al pecado. Es interesante notar que registros históricos extrabíblicos indican que a las víctimas de crucifixión se les clavaba a la estaca de madera atravezándoles los talones. De este modo, Jesús fue ‘herido en el talón’ mediante su muerte. En Isaías 53:4,5 se declara que Cristo fue "herido de Dios". Esto alude claramente a la profecía de Génesis 3:15 de que Cristo sería herido por la serpiente. Sin embargo, finalmente Dios aprovechó el mal que Cristo enfrentó, por lo que a Él se le describe aquí como el ejecutor del padecimiento (Is. 53:10), debido a que él controló las fuerzas del mal que hirieron a su hijo. Así Dios se vale también de las malas experiencias de cada uno de sus hijos.

EL CONFLICTO HOY DÍA

Pero quizás usted podría hacerse la siguiente pregunta: "Si Jesús ha destruido al pecado y la muerte (la serpiente), ¿por qué todavía se hallan presentes? La respuesta es que en la cruz Jesús destruyó el poder del pecado en sí mismo; la profecía de Génesis 3:15 se refiere fundamentalmente al conflicto entre Jesús y el pecado. Esto significa que debido a que él nos ha invitado a compartir su victoria, nosotros también podemos finalmente conquistar el pecado y la muerte. Por supuesto, aquellos que no son invitados a compartir su victoria, o que declinan el ofrecimiento, deberán inevitablemente experimentar el pecado y la muerte. Aunque el pecado y la muerte son también experimentados por verdaderos creyentes, mediante su relación con la simiente de la mujer al bautizarse en Cristo (Gal. 3:27-29), pueden tener el perdón de sus pecados y, por lo tanto, finalmente pueden ser salvos de la muerte, la cual es el resultado del pecado. De este modo, en perspectiva, Jesús "quitó la muerte" en la cruz (2 Ti. 1:10), aunque no será sino hasta que el propósito de Dios para con la tierra se haya completado al fin del milenio, que la gente dejará de morir; cuando la muerte jamás volverá a existir en la tierra: "Porque preciso es que él reine [en la primera parte del reino de Dios] hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte" (1 Co. 15:25,26).

Si somos "bautizados en Cristo", entonces las promesas referentes a Jesús, como aquella de Génesis 3:15, se vuelven personales para nosotros; dejan de ser sólo partes interesantes de la Biblia; ¡son profecías y promesas que también nos incluyen a nosotros! Aquellos que se han bautizado correctamente en Cristo mediante la inmersión en el agua, toman parte en su muerte y resurrección, simbolizados en el momento en que salen del agua (véase Ro. 6:3-5).

Si verdaderamente estamos en Cristo, entonces nuestra vida reflejará las palabras de Génesis 3:15; dentro de nosotros habrá un constante sentido de conflicto ("enemistad") entre el bien y el mal. El gran apóstol Pablo describió un conflicto casi esquizofrénico entre el pecado y su verdadero yo que luchaban dentro de él (Ro. 7:14-25).

Después del bautismo en Cristo, este conflicto con el pecado que se halla naturalmente dentro de nosotros, debiera aumentar y continuar así durante todos nuestros días. En un sentido es difícil porque el poder del pecado es fuerte. Pero en otro sentido no lo es, en vista de que estamos en Cristo, quien ya ha luchado y ganado el conflicto.

La primera simiente de la serpiente fue Caín. A diferencia de la serpiente, la cual no tenía entendimiento moral, Caín entendía lo que era la verdad y lo que era la mentira, y entendió lo que Dios requería de él; pero él prefirió seguir el pensamiento de la serpiente que lo condujo a matar y mentir.

En vista de que los judíos fueron el pueblo que verdaderamente dio muerte a Jesús, es decir, hirieron a la simiente de la mujer en el talón, se supone que ellos fueron los principales ejemplos de la simiente de la serpiente. Juan el Bautista y Jesús confirmaron esto:

"Al ver él [Juan] que muchos de los fariseos y de los saduceos [el grupo de judíos que condenó a Jesús] venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de [es decir, engendrados o creados por] víboras [serpientes]! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?" (Mt. 3:7).

"Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos [los fariseos], les dijo: ¡Generación de víboras! Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos?" (Mt. 12:25,34).

El mundo tiene estas mismas características de la serpiente. Sólo aquellos bautizados en Cristo toman parte en la simiente de la mujer; todos los demás, en diversos grados, son la simiente de la serpiente. El modo en que Jesús trató a la gente que era la simiente de la serpiente, debe servirnos de ejemplo:

-Aunque les predicó en un espíritu de amor y verdadero interés,

-No permitió que ellos le influenciaran con sus costumbres y formas de pensar, y

-les mostró el carácter amoroso de Dios por la manera en que vivió.

No obstante, por todo esto ellos le odiaron. Su esfuerzo por ser obediente a Dios los puso celosos. Incluso su familia (Jn. 7:5; Mr. 3:21) y amigos cercanos (Jn. 6:66) le pusieron obstáculos y algunos hasta se alejaron físicamente de él. Pablo sufrió la misma experiencia cuando se lamentó ante aquellos que hasta entonces habían permanecido con él en la buena y en la mala fortuna:

"¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?" (Gál. 4:14-16).

La verdad nunca es popular; conocerla y practicarla como debiéramos, siempre nos creará alguna forma de problema, incluso podría resultar en persecución:

"Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu [ por el verdadero conocimiento de la palabra de Dios – 1P. 1:23.], así también ahora" (Gal. 4:29).

"Abominación es a los justos el hombre inicuo; y abominación es al impío el de caminos rectos" (Pr. 29:27). Hay un antagonismo mutuo entre el creyente y el mundo.

Si estamos verdaderamente unidos con Cristo, debemos experimentar algo de sus sufrimientos para que también podamos participar en su glorioso galardón. De nuevo, Pablo nos pone en esto un ejemplo incomparable:

"Por tanto, todo lo soporto... Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él [con Cristo], también viviremos con él; si sufrimos [con él], también reinaremos con él..." (2 Ti. 2:10-12).

"Si a mí [Jesús] me han perseguido, también a vosotros os perseguirán... todo esto os harán por causa de mi nombre" (Juan 15:20,21), es decir, debido a que estamos bautizados en el nombre de Jesús (Hch. 2:38; 8:16).

Ante versículos como estos es tentador razonar así: "Si eso es todo lo que me espera por estar unido a Jesús, la simiente de la mujer, prefiero abstenerme". Pero, por supuesto, nunca se nos pedirá que suframos algo que no podamos soportar. Aunque definitivamente se nos requiere abnegación para unirnos plenamente con Cristo, nuestra unión con él resultará en un galardón tan glorioso "que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse" (Ro. 8:18). Y aun ahora, su sacrificio permite que nuestras oraciones en las que pedimos ayuda frente a los traumas de la vida sean especialmente poderosas ante Dios. Y añada a esto la siguiente gloriosa seguridad:

"Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" (1 Co. 10:13).

"Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo" (Jn. 16:33).

"¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?" (Ro. 8:31).

LA BIBLIA Y EL PAPA ROMANO, II PARTE

El Papa Debería estar Predicando el Evangelio Eterno,

Cumpliendo así la Comisión Dada a la Iglesia:

Como antes ya señaláramos, el Evangelio es el evento del Calvario. Es el medio por el cual Dios consuma Su propósito de convivencia eterna con Sus criaturas al fin de los tiempos de este siglo (véase Efesios 1:10). En el Evangelio alcanzamos libertad de condenación, así lo declara Pablo: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús...” (Ro. 8:1). El Evangelio es el acto reconciliador de Dios en Cristo, (2 Co. 5:19). Por lo tanto: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 5:1). Esa paz que el Evangelio provocó para con Dios es la misma paz a la cual Cristo se refirió cuando dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da...” (Jn. 14:27). Nótese cómo Cristo establece una diferencia entre la paz del mundo y la paz que Él nos deja. Ciertamente que la paz del mundo es algo realmente inalcanzable. El hombre siempre estará en guerra consigo mismo y con Dios. La paz es realmente un atributo del Nuevo Siglo. Por lo tanto, predicar el Evangelio es la única forma verdadera de buscar paz para con Dios y guerra para con el mundo y sus intereses: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn. 16:33). Cristo, Su Evangelio y Su amor perdonador, constituyen la verdadera paz. El que acepta esa bendita esperanza, vive consecuentemente en paz con los demás, pero el que no cree rechaza esa perspectiva en que Dios le ha colocado, y no tendrá paz nunca; por el contrario, como dijo el apóstol: “...cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina...” (1 Ts. 5:3).

Es ese glorioso Evangelio Eterno lo que da sentido y razón de ser a la Iglesia y al ministerio. Aparte del Evangelio, lo que queda es humana ruina, obscuridad y tinieblas. Predicar el Evangelio significa anunciar el reino venidero y un cielo nuevo donde moran la paz y la justicia (véase Segunda de Pedro 3:13). El Evangelio no consiste en lo que se ha hecho en nosotros ahora, sino que es lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo.

El ministerio Papal obviamente no se caracteriza por hablar de paz y de justicia eterna, sino mas bien por hablar de paz y justicia en el presente. Se trata de persuadir a los reyes y gobernantes de la tierra para que alcancen aquello que la Biblia señala y dice que no se alcanzará, sino que, por el contrario, empeorará a tal punto, que si los días no fueran acortados, ninguna carne se salvaría (véase Mateo 24:22).

No es, como piensan algunos, que pretendamos rehuir nuestra responsabilidad para con la sociedad. Es que, sencillamente, queremos y debemos colocar las cosas en el claro orden en que la Palabra de Dios las coloca, pues invertir ese orden es realmente catastrófico en términos eternos que es, al fin, lo que cuenta. La exhortación de Cristo fue: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:33).

El mejor favor que le podría hacer este rey (el Papa) al mundo sería el de dar un viraje radical en su predicación y ponerse a promover el reino venidero en sus “famosas” homilías. También podría hablar menos de justicia y equidad y, como dice Pedro, colocarse en posición de ejemplarizar con hechos y no con dichos, sus propuestas. Muy bien que podría conducirse con un mayor grado de humildad y vivir como Cristo, pobremente. Por proponer, nadie nunca se ha afectado, por eso los políticos proponen tanto y tanto, pero “del dicho al hecho hay mucho trecho”. Los únicos que realmente se afectan proponiendo son los predicadores del Evangelio, porque como dice el gran apóstol: “Y también todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Ti. 3:12).

Realmente la teología católico-romana se caracteriza porque durante el transcurso de la historia eclesiástica ha rechazado el Evangelio objetivo, histórico y universal que predicaron hombres como Pablo, Lutero, Melanchton y otros. Roma siempre ha pretendido colocar las obras del creyente como causa de salvación. A pesar de las diferencias doctrinales que ciertamente existían entre los reformadores del siglo XVI, ellos también llegaron unánimes a la aceptación de la gran verdad del Evangelio o de la justicia que es por la fe sola. Llegaron también a la conclusión de que si el Papa se oponía a esta verdad central y proponía la salvación por la fe más las obras (como todavía se hace), entonces el Papa era el anticristo.

Concluimos, pues, que visto y evaluado desde todos los aspectos, ni el Papa, ni la Curia romana predican el Evangelio Eterno, y sí otro evangelio. Por tanto, acojámonos al consejo de Pablo que aparece en Gálatas 1:8, y que dice: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”.

Conclusión

Si los anteriores argumentos aún no han convencido al lector de que el Papa romano es el anticristo, dirijamos ahora nuestra atención hacia la más grande profecía bíblica, me he referido a la profecía sobre la cuarta bestia de Daniel que aparece en el capítulo siete de su libro.

Si deseamos descubrir cuál es el poder representado por la bestia de Daniel 7:7 es necesario resumir todas las características que la Biblia señala sobre ese poder y luego acudir a la historia para ver qué poder reúne todas y cada una de ellas. Las características ofrecidas por Daniel en su libro, por Pablo y por Juan el vidente de Patmos, son las siguientes:

1) Un hombre que habla elocuentemente (Daniel 7:8):
¿Podrá alguien dudar que esta característica identifique o señale claramente a los pontífices romanos y, en especial, al políglota Juan Pablo II?

2) Derriba tres reyes para alcanzar el poder absoluto (Daniel 7:24):
También el rey Papal satisface este señalamiento, pues la historia del origen Papal nos dice que los hérulos, los vándalos y los ostrogodos, quienes se oponían a la elección del obispo romano como Papa, fueron sometidos por la fuerza bélica y cayeron delante de él tal como dice la profecía.

3) A los santos del Altísimo quebrantará (Daniel 7:25):
No puede existir la menor duda respecto al cumplimiento de este señalamiento. La historia es nuestro dictador y, por lo tanto, nadie puede negar que el rey romano está aquí también aludido. Las matanzas, las guerras, y las inquisiciones fueron métodos que caracterizaron a este poder religioso.

4) Pensará en mudar los tiempos y la ley (Daniel 7:25):
Es obvio que Daniel se refiere a la ley de Dios, pues la ley de los hombres es susceptible de ser cambiada por estos. Así las cosas, tenemos, pues, que el único poder en la historia que se ha proclamado con autoridad suficiente para alterar la ley de Dios, ha sido el poder eclesiástico romano con el Papa como director absoluto. Antíoco Epífanes, a quien la Iglesia Católica señala como la cuarta bestia de Daniel 7:7, nunca intervino con la ley moral de Dios, por lo tanto, no satisface este señalamiento bíblico, y hay que descartarlo como tal.

Antíoco, fue un rey que perteneció a la tercera bestia de Daniel 7:6, el Imperio griego, el cual se dividió en cuatro reinos (cuatro cabezas como señala la profecía), siendo este (Antíoco) un descendiente de Seleuco, (uno de los generales que participó de esta división, ocurrida a raíz de la muerte de Alejandro Magno). Por lo tanto, si Antíoco está señalado bajo la tercera bestia, no puede pertenecer a la cuarta bestia —que es un reinado distinto, al estar envuelto en ese simbolismo un aspecto religioso (que sí lo hace distinto, tal y como lo enfatiza en la profecía)—. Esta especificación de Daniel 7:25, sin lugar a dudas, es una alusión al rey Papal con carácter de exclusividad y no puede aplicarse a ningún otro poder político per se.

5) Con sagacidad hará prosperar el engaño (Daniel 8:25):
Se necesita ser astuto o sagaz para llegar a alcanzar el poder y el reconocimiento que estos señores han alcanzado en el transcurso de la historia. ¿Pero cómo es posible que el engaño haya prosperado tanto y tanto en su mano de tal forma que “...se maravilló toda la tierra en pos de la bestia”? (Ap. 13:3).

6) En su corazón se engrandecerá (Daniel 8:25):
Es sumamente sencillo corroborar esta especificación. El “Pontífice” romano realmente se cree santo, siendo ello contrario a lo declarado por el Altísimo en Su Palabra, quien por medio de Su apóstol nos dice: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno [...] por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia...” (Ro. 3:10, 23-24). El Papa permite que se le arrodillen al frente y le besen el anillo; sin embargo, Pedro, dis que su antecesor, no lo permitía (véase Hechos 10:25-26 al respecto).

7) Con paz destruirá a muchos (Daniel 8:24-25):
La paz ha sido siempre el continuo estribillo Papal, pero no la paz del Evangelio, sino la paz temporal, como ya hemos señalado anteriormente. Esta especificación es también satisfecha a cabalidad por la figura histórica que nos ocupa. Las guerras y persecuciones destructivas que este poder ha desencadenado alentando a otros a que peleen por él, han sido ya señaladas por la historia. Daniel dice que se fortalecería, mas no con fuerza propia (8:24). ¡Que claro!, ¿verdad?

8) Objeto de culto:
veamos ahora una extraordinaria característica que el apóstol Pablo señala refiriéndose a este personaje: “...el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Ts. 2:4). Obviamente, la oposición aquí señalada no es una abierta, sino de carácter sutil y soterrada, puesto que evidentemente suplanta a Dios. El vocablo “anticristo” lleva la idea de uno que aunque pretende suplantar a Cristo, lo hace no para canalizar la obra del Señor, sino más bien para distorsionarla y desviarla sin darse a conocer. Es ese el mismo método que señala en otra escritura el apóstol, y que caracteriza a Satanás y a sus ministros; veámoslo: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia, cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Co. 11:14, 15).

Te exhortamos para que investigues aquello que claramente Dios ha revelado en su Palabra, que es la BIBLIA. No te permitas ser una víctima más del engaño tradicional representado por el catolicismo romano. Debo señalar enfáticamente que podríamos continuar por mucho tiempo evaluando las doctrinas de esa denominación y ni siquiera encontrar una que armonice con la clara Palabra de Dios redactada en la Biblia. Sin embargo, nos conformamos con haberles traído dos de las más connotadas distorsiones que ha atado Roma en su pretensión soterrada de combatir a Dios. El principio de acercamiento a Dios que la Escritura declara con simpleza y claridad meridiana es el objetivo método de la dependencia en nuestro representante y Salvador. El Señor Jesucristo pagó el precio de nuestra participación hace ya casi dos mil años, cuando dio su vida en pago por la de todos los que deseen, por la fe, pasar a formar parte de ese glorioso Nuevo Siglo que está por manifestarse. Es ese el único principio que nos lleva a la vida eterna; mientras que Roma ha pretendido alterar la base de nuestra salvación declarando en el Concilio de Trento que el hombre es salvado por la fe más la conducta personal. Estamos de acuerdo en que el hombre de fe se conduce relativamente bien, pero no podemos estar de acuerdo en que al momento de la salvación esa conducta cuente. ¡Jamás! El apóstol Pablo termina su ponencia en el capítulo 3, versículo 28 de Romanos, del siguiente modo: “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.” Nótese que Pablo llega a una conclusión irrebatible. Esta diferencia podría parecer algo irrelevante o sin trascendencia, sin embargo, le advierto al amigo lector que la aceptación del método romano de acercamiento a Dios (fe más obras) trae la muerte como consecuencia, pues dirige a la autosuficiencia, al ensoberbecimiento y a la neutralización de la única y exclusiva acción por parte del hombre para alcanzar la vida eterna, que es la total y absoluta dependencia en Cristo. Así de trascendente es este asunto, por eso, Daniel, al señalar este barbarismo en su profecía lo llama un asunto de bestial magnitud.

Hemos presentado, además, ante vuestra consideración, la triste realidad de que la silla Papal no fue establecida por Dios, sino que constituye mas bien una posición creada por los hombres en la historia. Cristo nunca nombró a Pedro su vicario. El obispo de Roma “corrió” y hoy por hoy como “Papa” se ha constituido en un símbolo de opulencia terráquea. El humilde carpintero de Galilea solía decir: “Mi reino no es de este mundo”; y decía, además: “El hijo del hombre no tiene ni en qué reclinar su cabeza.”

Estás advertido: Seguir un sistema despótico que ha llegado a la tortura de sus perseguidos es seguir un camino de muerte. El torturador inicial, Don Inocencio III, constituye una socarronería literaria. ¿Cómo es posible que le llamaran Inocencio a un señor tan pervertido? Si yo fuese miembro de esa iglesia, mañana mismo saldría corriendo y me apartaría de esa ideología malsana, daría un viraje de noventa grados para seguir al Señor Jesús y sus principios de nobleza, equidad, justicia y humildad. ¡Diría con Cristo: “Sed como yo que soy humilde y manso de corazón”! Esa es la bandera que queremos enarbolar, la bandera ensangrentada, símbolo del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Hemos dejado la bestia de Daniel 7 al descubierto.

sábado, 15 de enero de 2011

OJO

LA BIBLIA Y EL PAPA ROMANO I PARTE

Un Análisis Bíblico de la Figura Papal

El Señor Jesús vino a este mundo para humillarse y así pagar por nuestros pecados (véase Filipenses 2:1-11 para poder entender esta aseveración). Dijo Cristo: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas la potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor. [...] como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mt. 20:25-26 y 28). Ello implica que el verdadero discípulo tendrá que seguir ese mismo proceso de humillación-exaltación, pues escrito está que: “...cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lc. 18:14). Es, pues, necesario que en este siglo nos humillemos para que en el siglo venidero seamos exaltados con Cristo. Obviamente, el mal llamado “Santo Padre” altera ese orden enalteciéndose en este siglo, razón por la cual será humillado en el siglo venidero, conforme a la declaración hecha por Jesús. Siendo que el Papa no está pasando por ese proceso de humillación ahora en este siglo presente, y más bien está siendo exaltado por el mundo, a tal punto que se le llama “el Santo Padre”, “Príncipe de la Iglesia”, “Sumo Pontífice”, etc., hemos de concluir que no anda tras las pisadas de aquel que dijo: “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su Señor...” (Mt. 10:24). Hagamos una breve comparación de Cristo y el Papa y veremos que son polos opuestos. Veamos:

1) Cristo, pobre _ el Papa, opulente.

2) Cristo, sin posición social _ el Papa, exaltado como príncipe de este mundo.

3) Cristo, totalmente accesible _ el Papa totalmente inaccesible.

4) Cristo, dependía para todo de Dios _ el Papa, de la Guardia Suiza, y el papamóvil.

5) Cristo, siempre entre los pobres _ el Papa con los reyes y los ricos de este mundo

6) Cristo, siempre rechazado y perseguido _ el Papa, aclamado y amamantado.

7) Cristo apolítico _ el Papa, el más grande político.

Sin lugar a dudas que el Papa no cumple con este fundamental requisito de humillación-exaltación, por lo tanto, no es un legítimo y fiel seguidor del Maestro. Eso lo constituye en un falso representante de Cristo, más aún, en un anticristo.

Roma Reclama que el Apóstol Pedro fue dis que el Primer Papa

El vaticano señala que cuando Cristo dijo: “Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia...” se está colocando a Pedro como el primer Papa. Analicemos la siguiente lectura: “Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mt. 16:13-19). No es necesario que seamos intelectuales ni altamente preparados para darnos cuenta, por el contexto, que Cristo no se refiere a Pedro propiamente como la roca sobre la cual se sostendría la Iglesia, sino a la declaración que este hace señalándole a Él (a Cristo) como el enviado Hijo de Dios y Salvador de los hombres. De Cristo haberse referido a Pedro como la roca o el fundamento de la Iglesia, hubiese dicho: “sobre esa roca edificaré mi iglesia” y no “sobre esta roca”. Si la Iglesia hubiese estado fundamentada sobre Pedro, esta se habría desmoronado cuando Pedro negó a su Maestro tres veces (véase Mateo 26:69-75). Pablo señala que Cristo (y no Pedro) es el fundamento de la Iglesia; veamos: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Co. 3:11). Cuando Cristo le señala tres veces a Pedro que apaciente Sus ovejas, lo que hace es confirmándolo como uno de los apóstoles, ya que Pedro le había negado (también tres veces); razón esta por la cual Pedro se entristece; veamos: “Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas” (Jn. 21:17). ¡Clarísimo! No puede verse de otra manera. Es evidente que Cristo lo que hizo fue recordarle su negación. Si lo estuviera nombrando Papa lo menos que haría Pedro sería entristecerse. Por consiguiente, la expresión antes mencionada: “a ti daré las llaves del reino de los cielos” que Cristo pronunció al dirigirse a Pedro, es, sin lugar a dudas, de carácter representativo, pues en otra escritura de Mateo, específicamente en el capítulo 18 y versículo 18, Cristo, dirigiéndose a todos los discípulos, les dice: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desataréis en la tierra, será desatado en el cielo.” Es evidente, pues, que si ellos ataban y desataban, lo hacían porque también tenían las llaves para hacerlo.

Es necesario que entendamos que las llaves son un mero símbolo de la autoridad que le es conferida al ministerio verdadero, constituido por aquellos a quienes Dios les ha revelado la verdad del Evangelio. Cristo, lo que realmente hizo con Pedro fue confirmar lo que ya había hecho el Padre, a saber: haberle revelado la verdad del Evangelio, que es Cristo mismo. Por eso el Señor dijo: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” [entiéndase que no se lo reveló ningún hombre, sino el Espíritu Santo] (Mt. 16:17). Por consiguiente, aquellos a quienes les es revelado el Evangelio Eterno, le son conferidas las llaves para atar y desatar. Hemos de recordar que Dios no confiere dones a los hombres para que estos se ensoberbezcan y entronicen, sino para que cumplan con los propósitos de Dios de edificar la Iglesia que habrá de prevalecer por el Evangelio (véase Primera de Corintios 15:1-2).

De Pedro haber sido nombrado “Papa” o jerarca de la Iglesia, el apóstol Pablo lo hubiese sabido, y sería imperdonable que cuando enumera en Efesios los dones ministeriales que Cristo otorgó a la Iglesia pase por alto el primer y más alto rango ministerial que sería el de Papa; leamos: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4:11-12). Claro, ¿verdad? Y, más aún, de existir dicho nombramiento o posición, Pedro mismo hubiese estado enterado de su selección y no hubiese tolerado que Pablo, el más pequeño de los apóstoles, como él mismo declara, le llamase “hipócrita”, como lo llamó. Pablo dice que le resistió a Pedro cara a cara porque este (Pedro) enseñaba la circuncisión, negando así la verdad del Evangelio, por lo cual era de condenar (véase Gálatas 2:11-16 al respecto). El mismo apóstol Pedro dice: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo...” (1 P. 5:1). Nótese cómo el apóstol se coloca a un mismo nivel que los demás y señala que lo que lo hace distinto no es un primado, sino el hecho de que fue testigo ocular de los padecimientos de Cristo.

Es obvio que a la luz de la Escritura la Iglesia primitiva no era regida por Pedro, sino por el Concilio de Jerusalén. (Véase Hechos 15:1-4) para que confirméis esta aseveración.)

No hay lugar a dudas, el reclamo de Roma de que Pedro fue el primer Papa no tiene fundamento bíblico alguno. Por lo tanto, están señalando un falso hecho, y eso los constituye en falsos representantes de Cristo; el Papa, el primero entre ellos.
continuara........................

DOCTRINA BASICA CRISTIANA

¿PARA QUÉ DEBEMOS CONOCER LA DOCTRINA CRISTIANA BÁSICA?

LECTURA DEVOCIONAL: I Timoteo 1:1-11.

TEXTO PARA MEMORIZAR: II Timoteo 3:16-17.

LECTURAS DIARIAS

LUNES: Hechos 2:36-42.

MARTES: Efesios 4:8-14.

MIÉRCOLES: II Tesalonicenses 2:13-15.

JUEVES: I Timoteo 1:1-10.

VIERNES: I Timoteo 1:11-20.

SÁBADO: II Timoteo 3:12-17.

DOMINGO: I Timoteo 4:1-8.

PROPÓSITO

Enfatizar la importancia de la doctrina en la iglesia.

El conocimiento intelectual de la doctrina cristiana no salva. Lo que sí salva es la experiencia de nacer de nuevo por medio de recibir a Jesucristo como Salvador y Señor personal, creyendo que su sacrificio expiatorio en la cruz es el pago suficiente para la salvación de todo aquel que cree, (Juan 3:1-21).

La doctrina nos sirve para determinar si Jesucristo y el plan de salvación que presenta cierta iglesia o grupo, literatura, película, himno, curso o movimiento, son los mismos que enseña la Palabra de Dios. Muchos cristianos sinceros, pero ingenuos, creen que cada vez que se menciona a Jesucristo, se trata del mismo que describen los evangelios. Pero no siempre es así. Debemos aprender a reconocer al Jesucristo bíblico, de entre las diferentes concepciones de Él, que nos presentan las diferentes sectas del cristianismo. El Jesucristo del evangelio bíblico original es muy diferente del Jesucristo de los mormones, del Jesucristo de los Testigos de Jehová, el de los moonies, el de los gnósticos, del de la Nueva Era, y del Jesucristo de las diferentes sectas.

La salvación se obtiene al aceptar al Jesucristo de Nazaret, a quien describe la Biblia como el Hijo de Dios; coexistente con el Padre y el Espíritu Santo por la eternidad; quien se hizo hombre al nacer de la virgen María por obra del Espíritu Santo; quien es Dios eterno y hombre perfecto; quien padeció, murió y resucitó al tercer día, ascendió a los cielos, se sentó a la diestra del Padre; donde intercede por nosotros y desde donde volverá para resucitar a sus redimidos, a juzgar a las naciones, a reinar en la tierra por mil años, a juzgar a los muertos impíos, a poner a todos sus enemigos bajo sus pies; y finalmente entregar el reino a Su Padre por la eternidad.

I. LA SANA DOCTRINA BIBLICA NOS SIRVE PARA:

Guardarnos de no incluir en nuestra fe y prácticas, elementos que no estén debidamente basados en las Sagradas Escrituras.

Responder a los de otras creencias que nos demandan razón de nuestra fe, al comparar lo que ellos creen con lo que creemos.

Discipular debidamente a quienes llegan a nuestra iglesia después de años de esclavitud en el ateísmo o las religiones.

Reconocer si las enseñanzas en la televisión, radio, himnos, literatura, predicaciones, etc., tienen bases bíblicas o no.

II. ¿QUÉ ES LA DOCTRINA CRISTIANA?

Es el conjunto de principios o enseñanzas sobre fe y práctica, en los cuales se basa la institución de la Iglesia, basados estrictamente en la Palabra de Dios, revelada a nosotros por el Espíritu Santo. II Timoteo 3:16, dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.

III. ¿QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LA SANA DOCTRINA EN LAS IGLESIAS?

1. Los discípulos permanecían en los principios básicos”.
Hechos 2:42, “Perseveraban en la doctrina de los apóstoles”.

2. Pablo aconseja ser firmes en lo que creemos:
Efesios 4:14, “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”.

3. Pablo aconseja retener lo enseñado por él:
II Tesalonicenses 2:15, “Retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra”.

4. Pablo dejó a Timoteo en Éfeso para preservar la sana doctrina:
I Timoteo 1:3, “Para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina”.
I Timoteo 3:14, “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quien has aprendido”.

5. La ley fue dada para sujetar a los desobedientes:
I Timoteo 1:10, “Y para cuanto se oponga a la sana doctrina”.

6. El Espíritu reveló en la Palabra que:
I Timoteo 4:1, “En los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”.

7. Se profetizó sobre tiempos peligrosos:
II Timoteo 4:3, “Cuando no sufrirán la sana doctrina, sino teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias”.

8. Un buen ministro de Jesucristo está:
I Timoteo 4:6, “Nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina”.

9. Pablo recomienda a su discípulo, el joven Timoteo:
I Timoteo 4:16, “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyen”.

10. Pablo aconseja a Tito:
Tito 2:1, “Tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina”.

11. El autor de Hebreos aconseja:
Hebreos 13:9, “No os dejéis llevar de doctrinas diversas”.

12. El apóstol Juan también advierte:
II Juan 9, “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo”.

IV. LA DOCTRINA DEBE BASARSE ESTRICTAMENTE EN LAS ESCRITURAS

1. Las Sagradas Escrituras son inspiradas por Dios
II Timoteo 3:16, “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.

2. Son inspiradas por el Espíritu Santo
II Pedro 1:20, 21, “Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.
 Pedro 1:10,11, “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos”.

3. No debe agregárseles ni quitárseles nada
Apocalipsis 22:18,19, “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro”.

Aquí se nos prohíbe alterar el texto mismo de la Biblia, e igualmente tener como autoridad otros libros, cuyos autores pretenden haber recibido por revelación de Dios. La revelación escrita terminó con Apocalipsis 22:21.

4. Hay que recordar las siguientes reglas

a. El autor de la Biblia, el Espíritu Santo, es su mejor intérprete. El debe guiar todo estudio sincero de ella. También la Biblia misma es el segundo mejor intérprete: lo que no está muy claro en un pasaje, se clarifica más adelante en otros pasajes, o debe interpretarse a la luz de todo el contexto general de ella.

b. Es una norma de la hermenéutica, o conjunto de reglas para la interpretación bíblica, que ninguna doctrina debe basarse en un solo versículo aislado. Para aceptar una doctrina, debe aparecer por lo menos en tres pasajes diferentes de la Biblia.

c. Ninguna revelación que pretenda ser de Dios puede contradecir lo que ya se ha revelado en las Sagradas Escrituras.

V. LA DOCTRINA AFECTA LA VIDA PRACTICA

La doctrina afecta la vida práctica diaria. Si la doctrina es sana, sus seguidores tendrán una vida equilibrada, irradiando luz que atrae y que habla acerca de Dios a quienes lo busquen. Si la doctrina es torcida, la vida de las personas será rara y desbalanceada, y creará dudas y confusión a quienes buscan respuesta para sus problemas.

Ejemplo 1:
Los “Amigos” creemos que Dios sana el cuerpo haciendo milagros, y que también sana a través de la medicina científica que Él ha revelado a los hombres. Oramos por milagros de sanidad de nuestras enfermedades y las de otros; y también usamos el consejo médico y las medicinas farmacéuticas, esperando que Dios obre de acuerdo con Su voluntad.

Ahora, algunos enseñan que sólo debemos orar y esperar un milagro y, además, condenan el uso de la medicina científica. Cuando el creyente consulta a un médico, o intenta usar remedios químicos o naturales, entra en un conflicto de conciencia, pues se espera que su fe sea el único medio para obtener sanidad. Si también se le enseña que toda enfermedad sin excepción debe ser sanada, y que todo depende de su fe, en el caso de no curarse así, se le acusará de que no tiene la suficiente fe para alcanzar salud. Esta presión puede deprimirlo y agravar su situación.

Cuando un adulto decide no tomar medicina, él sufrirá por su propia elección. Pero cuando los niños o ancianos muy enfermos, que dependen de los adultos y no pueden decidir, mueren porque sus padres o parientes se niegan a darles medicina, esperando que sanen sólo por fe, esta doctrina está causando un mal mayor.

Ejemplo 2

Los Amigos creemos que el sexo tiene como propósito la procreación de los hijos y, además, expresar amor e intimidad al cónyuge. Creyendo así, los esposos viven una vida física, emocional y espiritual equilibrada.

Ahora hay quienes enseñan que el sexo es sólo para procrear, y que los esposos que ya han completado el número de hijos que desean, no deben tener más relaciones íntimas. Al hacerlo, experimentan sentimientos de culpa, tensiones, y aun tentaciones.

Ejemplo 3

Los Amigos enseñamos que la salvación es sólo por la fe en el sacrificio expiatorio que Jesús hizo por nosotros en la cruz, pero que podemos perderla si no vivimos en santidad. Si la vida cristiana y la fe se marchitan gradualmente, podemos hasta dudar de nuestra salvación. Por ello exhortamos a los hermanos a vivir en estrecha comunión con Dios. La vida de santidad y la íntima comunión con Él, mantendrán viva la fe en Cristo, que es lo único que salva.

Muchos enseñan que una vez que somos salvos, permanecemos siempre salvos. Dicen que no importa cuánto nos desviemos, pues siempre volveremos al redil y nuestra salvación está asegurada. Esta doctrina puede llevar a los creyentes a ser un tanto descuidados en su conducta diaria.

En resumen, cualquier cambio en la doctrina afectará también la vida práctica diaria de los hermanos. Muchas veces, estas nuevas formas de vida no siempre resultan muy prácticas, sino ilógicas, dañinas y hasta esclavizantes. Por ello es necesario vigilar que siempre se mantenga la sana doctrina libre de contaminación.

Una iglesia debe adherirse a una sola línea de doctrina, pues cuando penetran otras corrientes con ideas diferentes, hay interferencia y conflictos y se pierde la unidad en la iglesia local.

Por supuesto, respetamos las doctrinas de otras iglesias.

“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que to oyeren.” (I Timoteo 4:16)

PRINCIPIOS BASICOS DE LA BIBLIA

2.5 LA BIBLIA, LA ÚNICA AUTORIDAD

Por lo que hemos visto hasta ahora en este estudio, el Espíritu de Dios se refiere a Su mente y propósito, y al poder por el cual Él pone en acción esos atributos. Hemos hecho hincapié en que ese espíritu se nos revela expresamente en las páginas de la palabra de Dios. Los muchos problemas del cristianismo contemporáneo se deben a una terrible falta de apreciación de este hecho. Como es difícil creer que tan grande poder esté plasmado en un libro, partes del cual encontramos difícil de entender, es tentador pensar que la revelación de Dios a los hombres podría existir en alguna otra forma aparte de la Biblia. Como nuestra naturaleza humana, fundamentalmente defectuosa (Jer. 17:9), encuentra tan difícil digerir la pura verdad de la palabra de Dios (Jn. 17:17), muchos han cedido ante esta tentación pretendiendo otras formas de revelación que son más atractivas para la mente humana. A continuación se presentan algunos ejemplos:

Religión

Otra forma de revelación que afirma tener

Ventaja humana; su atractivo

Testigos de Jehová

Publicaciones de la Sociedad Watchtower, que se consideran inspiradas.

No se requiere ningún esfuerzo personal para lograr la interpretación correcta de la Biblia; la organización tiene respuesta para todo.

Católicos romanos

Los pronunciamientos del Papa y las opiniones de los sacerdotes, que dicen ser automáticamente el verdadero reflejo de la mente de Dios.

No se requiere la lectura personal de la Biblia. En el pasado, el catolicismo ha desalentado e incluso prohibido su lectura. Se confía en los hombres más bien que en tener que hacer el esfuerzo de verificar las cosas por uno mismo.

Mormones

El Libro de Mormón y otros libros

Elimina la necesidad de creer en doctrinas bíblicas que son difíciles de aceptar. El Libro de Mormón ofrece una oportunidad de salvación universal, mientras que la Biblia dice que hay muchas personas que viven y mueren sin esperanza alguna por no haber tenido acceso a un conocimiento del evangelio.

Cristianismo carismático

Una ‘luz interior’ que pretenden que es el Espíritu Santo.

Creen todo lo que sienten que es correcto, ya que, piensan ellos, el Espíritu de Dios los está guiando e inspirando en formas desconectadas de la Biblia.

Todo esto subraya la necesidad de una aceptación fundamental de la Biblia como la palabra de Dios y buscar en sus páginas el verdadero mensaje. La pregunta: "Una Biblia, muchas iglesias, ¿por qué? queda contestada en gran manera cuando se comprende cómo, en cierto grado, cada iglesia ha pretendido tener otra forma de revelación del Espíritu de Dios, es decir, su voluntad, doctrina y pensamiento, además de la que está en la Biblia.

Si Ud. desea encontrar la única iglesia verdadera, la única fe verdadera, y el único bautismo verdadero (Efesios 4:4-6) la invitación fuerte y clara para usted es: "¡Vuélvase a la Biblia!" Lea algunas veces los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles. Es evidente que fue la lógica de Pedro, el razonamiento basado en la Biblia, lo que realmente tocó los corazones de hombres, convirtiéndolos, más bien que los milagros que hizo.