lunes, 28 de febrero de 2011
¿QUIERES TENER PAZ CON DIOS?
"Todavía, hoy, estamos a tiempo de resolver el problema más grande de nuestra vida: nuestro destino eterno". LA REALIDAD
A comienzos del siglo XXI los seres humanos estamos viviendo como si Dios no existiera, orgullosos de “haber superado la idea de Dios” como si todas las cosas se hubieran hecho solas, como si no fuéramos a ser juzgados de todo lo que hacemos o dejamos de hacer. ¡Qué locura la de nuestra generación! ¡Qué suicidio el de nuestro tiempo! Porque ciertamente la ira de Dios se muestra contra toda indiferencia e ignorancia voluntaria que las personas mostramos hacia El, pues su eterno poder y la realidad de su existencia se aprecian claramente por medio de la magnífica obra de la creación del mundo y del universo, de manera que no hay excusa a nuestra actitud, porque habiendo reconocido en lo íntimo que solamente por medio de un Creador pudo ser hecho lo que está creado, nuestros razonamientos se oscurecieron al rechazar después esta verdad, la más grande de todas, y vivir razonado como si Dios no existiera, ¡Como si fuéramos un producto de la casualidad! Sin darle gracias reconociendo que la vida viene de El, sin contar con El para nada ni en las decisiones pequeñas o grandes de nuestra vida; sin adorarle como corresponde a su Majestad. Y las tinieblas de nuestro entendimiento se hacen más espesas cuando la adoración se la damos a seres creados y no al Creador, a hombres y mujeres que se destacan en algo o por algo, ellos son nuestros dioses; A imágenes y esculturas creadas por la imaginación humana; o al dinero, a los placeres. ¡Corremos tras ellos desenfrenadamente! Y así presumiendo de sabios, demostramos que no lo somos al desechar la Fuente de toda sabiduría. (1) Epístola a los Romanos 1:18-23
MÁS HONDO EN LA CAIDA
Al desechar nosotros a Dios de esta manera, El también nos dejó a la dureza de nuestro corazón, y hundimos en impurezas nuestros deseos sexuales, estando llenos de toda corrupción en las costumbres y de toda lascivia, deshonrando entre nosotros nuestros propios cuerpos, caídos en pasiones viles, haciendo usos sexuales contra naturaleza, llenos nuestros pensamientos de fornicación y adulterio. A nosotros que cambiamos la verdad de Dios por la mentira adorando a la criatura antes que al Creador, Dios nos abandonó a nuestra mente réproba, y estamos viviendo llenos de engaño, envidia, contienda, y malignidad. Siendo chismosos, maldicientes, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, vanagloriosos, desobedientes a los padres, insensatos, desleales, sin afecto natural, sin compasión. (2) Epístola a los Romanos 1:24-31.
EL JUSTO JUICIO DE DIOS
Con todo esto ¿Cómo no vamos a provocar la ira de Dios? El está contra toda impiedad e injusticia que cometen los seres humanos siendo la muerte, la condenación eterna, la justa sentencia de Dios para los que practican tales cosas; y ninguno de nosotros podrá escapar de ese juicio de Dios quien pagará irá, enojo, tribulación y angustia a todo ser humano que hace lo malo, ¡Y cuantas de las denuncias anteriores son ciertas en nuestra vida! Todos hemos venido a ser reos delante de Dios. Y es inútil pensar que nos servirán de algo argumentos como: "No mato", "No robo", "No hago mal a nadie". Con cosas así nos podremos justificar delante de los hombres, pero no delante de Dios, ya que es necesario para ser declarado justo delante de El, toda una vida sin mancha ni pecado, o sea, obedecer siempre perfectamente sus mandamientos, y así, delante de Dios ¡no se justificará ningún ser humano! (3) Epístola a los Romanos 2:1-11; Salmo 143:2
LA SALVACION OFRECIDA POR DIOS
Es triste, angustiosa, la situación en que nos encontramos si vivimos confiando en "nuestra buena conducta" algunas buenas cosas que hacemos y con las que tratamos de justificarnos; pero Dios ha hecho brillar una luz en este negro horizonte de la humanidad: Como algo aparte de nuestro comportamiento, ha dado a conocer abiertamente una salvación suya, El ha preparado por medio de Jesucristo una justicia, una perfección con la cual el ser humano cubra su miseria moral, su desnudez espiritual y pueda salvarse de la ira que vendrá. Dios va a reconocer como justos, olvidándose de los pecados cometidos, a todos los que crean en sus corazones que El resucitó a Jesucristo de los muertos y acepten y confiesen que Jesucristo es el Señor de sus vidas. A Dios le ha agradado salvar por medio de la fe en Jesucristo a todo aquel que crea, pues no hay diferencia entre ningún ser humano ya que todos pecaron y están privados de la gloria de Dios. Ahora Dios justifica, perdona y salva gratuitamente al que cree en su corazón que Cristo resucitó de los muertos por el poder de Dios, y pide con ruegos su ayuda y protección, pues el que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan. No hay nada que pagarle ¡Tampoco habría con qué! La salvación a la que Dios nos invita es gratuita, El lo hace en su gracia y amor por nosotros, es un beneficio o favor que no nos merecemos, como un indulto concedido a un condenado a cadena perpetua. Pues hemos hablado al principio del estado de pecado y corrupción en que nos encontramos, quedando claro que por nuestras obras sólo nos vendrá castigo y juicio; mas Dios muestra su amor incomparable en que siendo pecadores Cristo murió por nosotros. El entendió y vio con trasparente claridad el terrible final de los seres humanos y a pesar de ser nosotros sus enemigos nos amó y se entregó para sufrir el castigo en nuestro lugar. Cristo dijo "No hay mayor amor que este: que uno ponga su vida por sus amigos" (S: Juan 15:13) ¡Y El la puso por sus enemigos! (5) Epístola a los Romanos 3:21-31; 10:10-13; 5:7-9)
LA EFICACIA DE LA MUERTE DE CRISTO.
En la muerte de Cristo hay redención, hay remedio, hay refugio; El dio su vida para salvar las nuestras, pagó el justo, el Perfecto por los injustos para que nosotros nos pudiéramos vestir con su perfección; El llevó en su cuerpo la paga que merecían nuestros pecados: Su sangre derramada fue el precio por nuestro rescate.
También el sacrificio de Cristo fue aceptado por Dios como obra perfecta para nuestra salvación, ya que la justa ira de Dios que merecíamos por nuestros pecados Cristo aceptó que se descargase sobre él. Así El tomó nuestras injusticias y pagó por ellas y nos ofrece sus perfecciones para que vivamos por ellas. De esta manera la justicia de Dios no queda rebajada ya que El afirmó que la paga del pecado es muerte y Cristo accedió morir en nuestro lugar para que por medio de su muerte tengamos vida eterna los que creemos en él. Así la sangre del Justo que en ninguna manera merecía la muerte, fue derramada para salvación de todo aquel que acepta por fe este precio por su rescate. (6) 1ª Pedro 2:24; 3:18; 1:18-19: S. Juan 3:16)
NO PIERDAS LA OPORTUNIDAD
Hemos visto la ruina de la humanidad y el remedio de Dios, este remedio es Su mano tendida al ser humano para salvarlo de las arenas movedizas del pecado donde se está hundiendo; si tú, lector rechazas esta salvación tan grande te hundirás más y más hasta que ya no haya remedio. ¡Cree en el Señor Resucitado! El vive y es poderoso para ayudarte y socorrerte porque es Dios, El te conoce y te ama; no esperes a cambiar antes, ¡ven tal como estás! descárgate de tu vida pasada en pecados en la obra libertadora de su cruz recibiendo el perdón que te ofrece; oye su voz en la Biblia y síguele. Hazle Señor de tu corazón y de tu vida obedeciendo por fe Su Palabra. La promesa que Dios te hace en su Palabra si crees, es que serás un nueva criatura para vivir una nueva vida: una vida con sentido, con rumbo, con esperanza, ¡con un destino eterno y glorioso! obrando en tu vida el poder de Jesucristo resucitado por medio de la fe que en El deposites, que te llevará a conocer la voluntad de Dios y te libertará del pecado en que vives esclavo. Hallarás descanso para tu alma, alivio para tu angustia, paz para con Dios, vida eterna y motivos para gloriarte en las tribulaciones. Serás librado de la ira de Dios la cual vendrá sobre todos los que no se arrepintieron y fueron incrédulos a la Palabra y a las promesas de Dios. (7) Hebreos 2:3; 2ª Corintios 5:17; Romanos 6:17-18; Mateo 11:28; Romanos 5:1-10.
UN MENSAJE VERDADERO
He aquí el mensaje de Dios para los hombres y mujeres de todas las épocas, también de la nuestra; sin duda resulta duro para la vanidad y el orgullo humanos, pero lo tremendo de él es que es verdad. Si fuera un hombre quien nos señalase de esta manera nuestra condición moral podríamos negarlo y él no podría probar muchas de estas cosas, pero con Dios no podemos hacer esto, El lo ve todo por eso habla con seguridad de nuestra situación, pues conoce nuestros pensamientos más secretos, nuestros pecados más ocultos y las intenciones escondidas de nuestro corazón. En el día que El nos juzgue todas estas cosas saldrán a la luz, entonces no servirán las excusas. (8) Salmo 139:1-3; Apocalipsis 20:12;
Las referencias debajo de cada línea, son de la Biblia, la Palabra de Dios, si la tienes puedes comprobarlas tú mismo, sino puedes comprarla en la librería cristiana más cercana, sino conoces alguna nos puedes pedir la dirección o solicitarnos el Nuevo Testamento que es la segunda parte de ella.
Si deseas ayuda para aclarar algunas cosas que no entiendes, puedes escribirnos haciéndonos las preguntas que quieras o solicitando una visita para hablar del evangelio.
LOS OVNIS A LA LUZ BIBLICA
Los objetos voladores llamados OVNIs constituyen un atractivo enigma para quienes los hemos visto en la distancia. No hay duda alguna de que este es un tema que genera mucho interés. Nuestra naturaleza gusta de aquello que está cubierto por algún tipo de misterio. ¿Qué son? ¿Cómo funcionan? ¿Qué pretenden sus tripulantes de nosotros? Estas son preguntas que todos nos hacemos, y hasta el momento han quedado sin una segura contestación.
Algunos, como el señor Enrique Castillo, nos aseveran que son de carácter mecánico; otros aseveran que son astrales o celestes. En estos artículos no nos proponemos contestar la pregunta de cómo funcionan, más bien la de qué son y qué buscan o pretenden sus tripulantes con nosotros. La prudencia nos indica que sin claras evidencias, lo único que podríamos hacer sería especular, cosa que no nos interesa realizar.
Estamos muy conscientes de que cualquier tipo de aseveración firme y categórica debe estar fundamentada en una base sólida y confiable. Mi fundamento como legítimo profeta del Señor es la Sagrada Escritura, libro este que contiene la Palabra de Dios. El gran apóstol Pedro, refiriéndose al Canon Sagrado, nos dice y exhorta del siguiente modo: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca...” (2 P. 1:19).
En el transcurso de los años la Biblia nos ha demostrado su confiabilidad. Un libro que nos enseña conceptos científicos muchísimos años antes de su descubrimiento, y que nos habla de eventos históricos con miles de años de antelación a su acontecer, es obviamente muy confiable. Muchos con mentalidades científicas pretenden oponerse a ella tratando con sus argumentos de destruirla, pero están “dando palos al aire” y de ese modo perdiendo su tiempo y, sobre todo, sus almas, porque: “...Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hch. 9:5). Es por todos nosotros conocido lo cambiante que es la ciencia. Esta cambia tanto y tanto que si la comparamos con la Biblia podemos concluir que es definitivamente desconfiable.
¿Qué son los OVNIs?
Muchas personas que han visto los OVNIs en distintas partes del planeta se preguntan: ¿Qué son los OVNIs? Este servidor puede decirte que independientemente de cuál sea su naturaleza (tecnológica o astral), tenemos que estar de acuerdo en que son medios de transportación, conforme lo declara la Escritura. Los platillos y objetos voladores que se están viendo por todo el planeta son medios de transportación angélicos.
Ya te hemos dicho que el rebelde ángel Luzbel (Satanás) y sus huestes —una tercera parte de la población angélica, quienes lo siguieron en su rebelión— fueron arrojados por el Arcángel Miguel a este planeta (Ap. 12:7-9). A estas alturas el amigo lector debe estar en pleno conocimiento de que los llamados extraterrestres, indudablemente, son ángeles rebeldes que fueron lanzados al fondo del mar con sus coches o aparatos voladores. Este planeta estaba cubierto de agua, y nos dice Génesis que cuando Dios creó al hombre, separó las aguas de las aguas, y en los lugares secos colocó a su criatura (el hombre); mientras que en los mares (que constituyen tres cuartas partes del planeta Tierra) prevalece Satanás. Por esto no ha de sorprendernos las noticias que nos llegan por parte de los estudiosos de la ovnilogía, cuando estos declaran que ven entrar y salir aparatos voladores al fondo del mar. Son miles y miles los testimonios a este respecto.
Podemos estar completamente seguros de que los OVNIs no son otra cosa que medios de transportación angélicos. Los que se dejan ver con frecuencia son los de Lucifer (Satanás) y sus ángeles, y debemos rechazarlos. Sin embargo, la realidad es que Miguel o Cristo y sus ángeles fieles poseen también aparatos voladores que les permiten recorrer enormes distancias en el espacio en cuestión de minutos. No olvidemos que Dios es el Padre de la ciencia y la tecnología.
El hombre de este siglo ha creado un sinnúmero de vehículos y métodos para transportarse. Pero podemos decir que el hombre crea porque fue hecho a imagen y semejanza de Dios, quien es el Creador. Y si el hombre, que es menos facultado que los ángeles (Hebreos 2:6-7), ha logrado inventar aviones, y hasta naves espaciales que le han permitido llegar a la luna, no ha de extrañarnos que los ángeles, quienes poseen mayor facultad, inventen y posean aparatos voladores con una tecnología tan superior, que son capaces de viajar a velocidades extraordinarias y hacer virajes inimaginables para la limitada mente y tecnología humana.
Amigo lector, debes entender que la Biblia, el libro más confiable que tenemos a nuestro alcance, nos habla de medios de transportación. A los fines de probar que indudablemente la Sagrada Escritura sí nos habla de métodos de transportación, colocaremos aquí una serie de versículos que de forma clara así lo señalan; medios estos que con toda propiedad podemos calificar de OVNIs; veamos:
“Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.” (2 R. 2:11)
“Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para descargar su ira con furor, y su reprensión con llama de fuego.” (Is. 66:15)
“Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.” (2 R. 6:17)
“He aquí que subirá como nube, y su carro como torbellino; más ligeros son sus caballos que las águilas...” (Jer. 4:13)
“El escudo de sus valientes estará enrojecido, los varones de su ejército vestidos de grana; el carro como fuego de antorchas; el día que se prepare, temblarán las hayas.” (Nah. 2:3)
Indubitablemente estos versículos que señalan carros de fuego o de torbellino nos hablan de medios de transportación. Y note el amigo lector lo próximo que os voy a señalar: La palabra nube aparece más de cien veces en la Escritura, y en aproximadamente cincuenta ocasiones implica o se refiere a un medio de transportación; veamos algunos de ellos:
(11) “Y miré, y he aquí venía del norte un viento tempestuoso, y una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor, y en medio del fuego algo que parecía como bronce refulgente, y en medio de ella la figura de cuatro seres vivientes. Y esta era su apariencia: había en ellos semejanza de hombre.”(Ez. 1:4-5)
“...He aquí que Jehová monta sobre una ligera nube, y entrará en Egipto...” (Is. 19:1)
“...y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.” (Mt. 24:30)
“Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” (Mt. 26:64)
“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá...” (Ap. 1:7)
“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.” (Lc. 21:27)
Es muy evidente que cada vez que en la Biblia se nos habla de la venida de nuestro Señor, siempre esa declaración viene acompañada de algo que sostiene a Jesús en el aire —pueden ser nubes o coches de fuego o caballos—. Pero todo indica que Jesús vendrá en un medio de transportación. Jesús no posee alas, ni tampoco los ángeles las poseen. Eso es otra crasa distorsión de la Iglesia Católica-Romana. Los ángeles sí necesitan vehículos de transportación por causa de su naturaleza.
Naturaleza de los Ángeles
Los ángeles son antropomórficos (con forma humana). No existe una gran diferencia entre un ángel y un hombre (He. 2:6-7). El hombre es hecho, al igual que los ángeles, a imagen de Dios —entiéndase de Miguel o Cristo—. En una amplia y clara explicación bíblica de lo que es un ángel se nos enseña que son seres corporales similares a los hombres, aun cuando puedan ser sustancialmente superiores. Pablo nos enseña en Primera de Corintios capítulo 15, versículos 38 al 41 que hay cuerpos terrenales y hay cuerpos celestiales, pero nótese cómo ambos, los terrenales y los celestiales, son tenidos por cuerpos. Nadie crea en la falacia de que los ángeles son espíritus sin cuerpos; que son alados (con alas); y que se transmutan en semejanza de hombre cuando así lo desean. No hay ninguna base bíblica para tal señalamiento. La realidad es que los ángeles pueden determinar dejarse ver o no dejarse ver según su voluntad. Pero el hecho de que se dejen ver o no se dejen ver no altera la realidad de su naturaleza corporal. Veámoslo más bien desde el punto de vista de las vibraciones moleculares de sus organismos; pues tienen la potestad de compactarlas o separarlas para de ese modo hacerse visibles o invisibles ante nuestro órgano visual. Un leve ajuste en sus vibraciones les permite dejarse ver ante el lente humano o no dejarse ver. El sentido visual de los hombres ha perdido capacidad de percepción, y está limitado a ver materia compactada, no diluida o separada. El sentido visual angélico sí permite que ellos, independientemente de las vibraciones que promuevan en su organismo, puedan verse entre sí siempre.
Es obvio que aun dentro de la esfera humana existen distintas capacidades para ver y para oír. Y tenemos, también, por ejemplo, que la fauna felina, y aves como el búho, ven mejor en la oscuridad que el lente humano; y que el sentido auditivo de un perro es mucho mayor que el del hombre. Aun entre los hombres mismos, como hemos dicho, hay algunos que ven más que otros, y unos que escuchan u oyen mejor que otros.
La Escritura nos enseña que el hombre ha sido menos dotado que los ángeles. A Pablo le asiste toda la verdad cuando habla de que una es la gloria de los cuerpos celestiales y otra es la gloria de los cuerpos terrenales (1 Co. 15:40). El poder comprender este asunto es muy necesario para que entendamos que la idea de seres incorpóreos no es bíblica en lo absoluto, es un ardid satánico para detener el anhelo del corazón por lo celeste. Dicho de otro modo, se nos pinta la eternidad tan radicalmente distinta al mundo donde vivimos a los fines de que no deseemos nunca salir de este siglo. Pero la gran realidad celeste es que la sociedad futura será como la presente, aunque mucho más brillante y clara que esta en que nos hayamos. Marchamos hacia un mundo de absoluta luz.
La comprensión de este asunto aquí expuesto te llevará a entender lo ocurrido en Sodoma y Gomorra, donde entraron dos varones (ángeles) sin alas. No es sostenible, bajo ningún concepto, la idea de que dejaron las alas a la puerta de la ciudad, más bien es que se manifestaron visiblemente tal como son dentro de su dimensión vibratoria. Así también puedes comprender por qué el profeta Daniel cuando ve al ángel Gabriel lo proclama varón (Daniel 9:21), y por qué cuando ve venir a Cristo ante el Padre, expresó la frase: “...he aquí, uno con semejanza de hijo de hombre” (Dn. 10:16). Las ideas católicas han viabilizado conceptos antibíblicos de seres incorpóreos, habiéndolos heredado de la mitología helenística. Recuerda, son puros engaños satánicos. Dios hizo al hombre a Su imagen y semejanza, de manera, pues, que la imagen y semejanza de Dios en Cristo es la misma imagen que proyectan los ángeles. El Jesús antropomórfico que ascendió a los cielos es el mismo Jesús antropomórfico que descenderá de los cielos conforme lo declara Hechos de los apóstoles, capítulo 1 y versículo 11. Como Jesús ascendió sin alas —y va a volver según ascendió—, significa eso, entonces, que descenderá sin alas y necesitará un medio de transportación. Se ha probado científicamente que después de la atmósfera de la Tierra, donde la fuerza de gravedad de esta termina, se cae en un vacío donde un avión no puede volar. Solamente los artefactos de última invención pueden surcar el espacio en términos de trasladarse de un lugar a otro bajo esas condiciones. Y si las cosas son así, llevamos al lector a preguntarse: ¿Para qué sirven las alas?... Obviamente para nada.
PRINCIPIOS BASICOS DE LA BIBLIA
4.4 LA MUERTE ES INCONSCIENCIA
Por lo que hemos aprendido hasta ahora acerca del alma y el espíritu, se desprende que una persona muerta está totalmente inconsciente. Aunque Dios recordará las acciones de aquellos que son responsables ante Él (Mal. 3:16; Ap. 20:12; He. 6:10), no hay nada en la Biblia que sugiera que tenemos alguna conciencia durante el estado de muerte. Es difícil disentir de esto en vista de declaraciones tan precisas como las siguientes:
- "Sale su aliento [del hombre], y vuelve a la tierra; en ese mismo día [momento] perecen sus pensamientos" (Sal. 146:4).
- "Los muertos nada saben... su amor y su odio y su envidia fenecieron ya" (Ec. 9:5:6). "En el Seol... no hay... sabiduría" (Ec. 9:10) – no hay pensamientos y por lo tanto no hay consciencia.
- Job dice que en la muerte él sería "como si nunca hubiera existido" (Job 10:8); consideró la muerte como el olvido, inconsciencia y la absoluta inexistencia que teníamos antes de que naciéramos.
- El hombre muere tal como mueren los animales (Ec. 3:18); si el hombre sobrevive conscientemente después de la muerte en algún lugar, así también debe ocurrir con ellos, no obstante tanto la Escritura como la ciencia no afirman nada de esto.
- Dios "se acuerda de que somos polvo. El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo... y pereció, y su lugar no la conocerá más" (Sal. 103: 14-16).
Que la muerte es verdaderamente inconsciencia, incluso para los justos, queda demostrado por las repetidas súplicas de los siervos de Dios para que permitiera que se alargaran sus vidas, porque sabían que después de la muerte no podrían alabar ni glorificar a Dios debido a que la muerte es un estado de inconsciencia. Ezequías (Is. 38:17-19) y David (Sal. 6:4,5; 30:9; 39:13; 115:17) son buenos ejemplos de esto. A la muerte se le menciona repetidamente como un sueño o descanso, tanto para los justos como para los inicuos (Job: 3:11,13,17; Dn. 12:13).
Ya hemos reunido suficiente evidencia para afirmar de manera contundente que la idea popular de que los justos van a un estado de arrobamiento y galardón en el cielo inmediatamente después de su muerte, sencillamente no se halla en la Biblia. La verdadera doctrina de la muerte y naturaleza del hombre proporciona una gran sensación de paz. Después de todos los traumas y penas en la vida de un hombre, el sepulcro es un lugar de olvido total, Para aquellos que no han conocido los requerimientos de Dios, este olvido durará para siempre. Nunca más surgirán los viejos agravios de esta trágica y frustrante vida natural; ya no aparecerán ni nos amenazarán las fútiles esperanzas y temores de la mente humana natural.
En el estudio de la Biblia hay un sistema de verdad a descubrir. No obstante, lamentablemente, hay también un sistema de errores en el pensamiento religioso del hombre debido a su desatención de la Biblia. Los desesperados esfuerzos del hombre por suavizar la finalidad de la muerte lo han llevado a creer que él tiene un ‘alma inmortal’. Una vez que se ha aceptado que existe dentro del hombre un elemento inmortal, se hace necesario pensar que éste va a algún lugar después de la muerte. Esto ha llevado al pensamiento de que al morir debe haber alguna diferencia entre el destino de los justos y el de los inicuos. Para acomodar esto, se ha concluido que debe haber un lugar donde vayan las ‘almas inmortales buenas’, llamado Cielo, y otro lugar donde vayan las ‘almas inmortales malas’ llamado infierno. En páginas anteriores hemos mostrado que un ‘alma inmortal’ es una imposibilidad bíblica. Ahora analizaremos las otras falsas ideas inherentes al razonamiento popular:
1. Que el galardón para nuestra vida se da al morir por medio de asignar a nuestra ‘alma inmortal’ a un cierto lugar.
2. Que la separación entre justos e inicuos ocurre al morir.
3. Que el galardón para los justos es ir al cielo.
4. Que si todos tienen un ‘alma inmortal’, entonces todos deben ir ya sea al cielo o al infierno.
5. Que las ‘almas’ inicuas irán a un lugar de castigo llamado infierno.
El propósito de nuestro análisis no es sólo negativo; al considerar estos puntos en detalle, creemos que expresaremos muchos elementos de la verdad bíblica que son partes vitales de la verdadera situación referente a la naturaleza del hombre.
jueves, 3 de febrero de 2011
MARIA A LA LUZ BIBLICA
"¿Qué dice la Biblia acerca de la virgen María?"
María, la madre de Jesús era una mujer quien fue descrita por Dios como “muy favorecida” (Lucas 1:28). La frase “muy favorecida” viene de una palabra griega, que significa esencialmente “mucha gracia”. María recibió la gracia de Dios. La gracia es “un favor inmerecido”, significando que es algo que recibimos a pesar del hecho de que no lo merezcamos. María necesitaba de la gracia de Dios, al igual que el resto de nosotros. María misma comprendió esta hecho, al declarar en Lucas 1:47, “Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.” María reconoció que ella necesitaba ser salvada, que ella necesitaba a Dios como su Salvador. La Biblia nunca dice que María fuera otra cosa que una humana ordinaria, a quien Dios eligió utilizarla de una manera extraordinaria. Sí, María era una mujer justa y favorecida (con gracia) por Dios (Lucas 1:27-28). Al mismo tiempo María también fue un ser humano pecador, como todos los demás, que necesitaba a Jesucristo como su Salvador, al igual que todos los demás (Eclesiastés 7:20; Romanos 3:23; 6:23; 1 Juan 1:8).
María no tuvo una “inmaculada concepción” – no hay una razón bíblica para creer que el nacimiento de María fue otra cosa que un nacimiento humanamente normal. María era una virgen cuando dio a luz a Jesús (Lucas 1:34-38), pero la idea de una virginidad perpetua de María es anti-bíblica. Mateo 1:25, hablando de José, declara, “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús.” La palabra “hasta” indica claramente que José y María tuvieron una unión sexual después del nacimiento de Jesús. José y María tuvieron varios hijos juntos después de que Jesús nació. Jesús tuvo cuatro medios-hermanos; Jacobo, José, Simón, y Judas (Mateo 13:55). Jesús también tuvo medias-hermanas, pero no se mencionan sus nombres o el número de ellas (Mateo 13:55-56). Dios bendijo y favoreció a María dándole varios hijos, lo cual en esa cultura era una clara indicación de la bendición de Dios hacia una mujer.
Una ocasión en que Jesús estaba hablando, una mujer de entre la multitud exclamó, “Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste” (Lucas 11:27). Nunca hubo una mejor oportunidad para que Jesús declarara que María era en realidad digna de alabanza y adoración. ¿Cuál fue la respuesta de Jesús? “Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.” (Lucas 11:28). Para Jesús, la obediencia a la Palabra de Dios era MAS IMPORTANTE que el ser la mujer de quien nació. En ninguna parte de la Escritura Jesús, o alguien más, dirige alguna alabanza, gloria o adoración a María. Elisabet, la pariente de María, alabó a María en Lucas 1:42-44, pero su alabanza estaba basada en el hecho de que María daría a luz a Jesús. No estaba basada en ninguna gloria inherente en María.
María estuvo ahí en la cruz cuando Jesús murió (Juan 19:25). María estuvo con los apóstoles en el día de Pentecostés (Hechos 1:14). Sin embargo, María nunca vuelve a ser mencionada después del capítulo uno del libro de los Hechos. 1). En ningún momento los apóstoles le concedieron a María un papel prominente. La muerte de María no está registrada en la Biblia. Nada se dice de María acerca de su ascensión al cielo, o siendo de alguna forma exaltada en el cielo. María debe ser respetada como la madre terrenal de Jesús, pero no es digna de adoración. En ninguna parte indica la Biblia que María puede escuchar nuestras oraciones, o que puede ser mediadora para nosotros ante Dios. Jesús es nuestro Único abogado y mediador en el cielo (1 Timoteo 2:5) Si se le hubiera ofrecido alabanza, adoración, u oraciones, María hubiera dicho lo mismo que los ángeles: “¡Adora a Dios!” (Apocalipsis 19:10; 22:9) María misma establece el ejemplo para nosotros, dirigiendo su alabanza, adoración y glorificación solamente a Dios, “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones, porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre” (Lucas 1:46-49).
PRINCIPIOS BASICOS DE LA BIBLIA
4.3 EL ESPÍRITU DEL HOMBRE
Hay una desafortunada confusión en la mente de mucha gente entre el alma y el espíritu. Esto se ve agravado por el hecho de que en algunos idiomas y traducciones de la Biblia, las palabras ‘alma’ y ‘espíritu’ tienen sólo un equivalente. El ‘alma’, que fundamentalmente se refiere a todos los componentes de una persona, a veces se puede referir también al espíritu. Sin embargo, normalmente hay una diferencia en significado entre ‘alma’ y ‘espíritu’ según se usa en la Biblia; el alma y el espíritu tienen "fronteras" (He. 4:12 – Biblia de Jerusalén).
Las palabras hebrea y griega para ‘espíritu’ (‘Rúaj’ y ‘Pneuma’ respectivamente) también se traducen de las siguientes maneras:
vida; espíritu; mente; viento; aliento
En el Estudio 2.1 analizamos la idea de ‘espíritu’. Dios usa su espíritu para preservar la creación natural, incluyendo al hombre. Por lo tanto, el espíritu de Dios que está dentro del hombre es la fuerza de vida que está en su interior. "El cuerpo sin espíritu está muerto" (Stg. 2:26). "Jehová Dios... sopló en su nariz [de Adán] aliento [espíritu] de vida, y fue el hombre un ser viviente" (Gn. 2:7). Job dice que el "hálito de Dios" está "en mis narices" (Job 27:3 compárese con Is. 2:22). Por lo tanto, el espíritu de vida que está dentro de nosotros se nos da al momento de nacer y permanece con nosotros mientras nuestro cuerpo esté vivo. Cuando se retira el espíritu de Dios de algo, esto perece inmediatamente, el espíritu es la fuerza de vida. Si Dios "recogiese así su espíritu y su aliento, toda carne perecería juntamente, y el hombre volvería al polvo. Si, pues, hay en ti entendimiento, oye esto" (Job 34:14-16). Esta última frase sugiere de nuevo que para el hombre es muy difícil aceptar esta exposición de su verdadera naturaleza.
Cuando, al momento de nuestro fallecimiento, Dios retira de nosotros su espíritu, no sólo muere nuestro cuerpo sino que cesa nuestra consciencia completamente. El conocimiento de esto llevó a David a confiar más bien en Dios que en criaturas tan débiles como son los seres humanos. Salmos 146:3-5 es un duro rechazo a las pretensiones del humanismo: "No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación. Pues sale su aliento [espíritu], y vuelve a la tierra [el polvo del cual estamos hechos]; en ese mismo día perecen sus pensamientos. Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob".
Al morir, "el polvo volverá a la tierra, como era, y el espíritu volverá a Dios que lo dio" (Ec. 12:7). Anteriormente hemos mostrado que Dios está presente en todas partes por medio de su espíritu. En este sentido, "Dios es Espíritu" (Jn. 4:24). Cuando morimos "damos el último suspiro" en el sentido de que el espíritu de Dios, que está dentro de nosotros, nos deja. Ese espíritu es absorbido por el espíritu de Dios que se halla a nuestro alrededor; de este modo, al morir, "el espíritu volverá a Dios".
Debido a que el espíritu de Dios sostiene a toda la creación, este mismo proceso sucede a los animales. Hombres y animales tienen el mismo espíritu, o fuerza de vida, en su interior. "Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración [espíritu] tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia" (Ec. 3:19). El escritor pasa a decir que no hay diferencia visible entre el espíritu de los hombres y el de los animales referente al lugar a donde van (Ec. 3:21). Esta descripción de que los hombres y los animales tienen el mismo espíritu y mueren la misma muerte, parece aludir a la descripción de cómo hombres y animales que tenían el espíritu de vida de Dios (Gn. 2:7; 7:15), fueron destruidos con la misma muerte en el diluvio: "Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices... murió.... fue destruido todo ser que vivía" (Gn. 7:21-23). De paso note cómo Salmos 90:5 compara la muerte con el diluvio. El relato de Génesis 7 muestra claramente que en términos fundamentales el hombre pertenece a la misma categoría de "toda carne... todo ser viviente". Esto se debe a que en su interior el hombre tiene el mismo espíritu que tienen los animales.
Algunos han argumentado que el hecho de que Dios sopló su espíritu en el hombre implica que por naturaleza tenemos inmortalidad dentro de nosotros. Esto no es así. El hecho de que Dios soplara en Adán el espíritu/poder de vida significa que el se convirtió en una criatura viva; pero este hecho es citado en 1 Co. 15:45 como prueba de que Adán era mortal; él era sólo un alma viviente, una criatura viva, pero era mortal comparado con la inmortalidad del Señor Jesús.
sábado, 29 de enero de 2011
El Purgatorio
¿ Verdad de Dios ?
por Daniel Sapia
"La familia, un padre con sus hijos, ocupaba el primer asiento en la iglesia. En el pasillo central había un ataúd con los restos de una amada y solícita esposa. Ella había sido una dama buena y amable, respetada por todos los que la conocían. La muerte, intrusa inoportuna, se había llevado su vida haciendo añicos el frágil mundo de su familia. En el gran edificio se escuchaba el eco de sus sollozos.
El repicar de las campanas del altar anunciaba que el sacerdote estaba listo para decir misa a intención de la difunta. Pasó unos minutos con la familia, luego anunció a la congregación que esa misa era ofrecida por el descanso del alma de su ser querido que había partido y que ahora estaba en el Purgatorio. Por medio del santo sacrificio de la misa, a la larga su alma sería liberada de las penas del Purgatorio."
El Purgatorio es una doctrina entretejida en las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana. La creencia en el Purgatorio es fuerte, como lo demuestran las muchas misas que la familia y los amigos han ofrecido por los que han muerto. ¿Se ha preguntado usted alguna vez cuál es la necesidad del Purgatorio, y si hay alguna evidencia de su existencia?
Qué afirman los defensores católicos de esta teoría:
a) Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. (CIC N° 1030)
b) La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (Cf. DS 1304) y de Trento (Cf. DS 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1Co 3, 15; 1P 1, 7) habla de un fuego purificador. (CIC N° 1031)
c) Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó (Judas Macabeo) hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberadas del pecado" (2M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular en el sacrificio eucarístico (Cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos.
(CIC N° 1032)
d) Para algunos apologistas católicos, no es un lugar específico en el mas allá. Para otro si. Del mismo modo, para algunos, este proceso de "purificación o santificación" es instantáneo. Para otros, sin embargo, puede tener cierta duración en el tiempo.
e) Los vivos pueden elevar oraciones para que la persona que está siendo purificada, acorte su estadía o minimice sus padecimientos (Aunque nadie pueda decir en cuánto se acorta). La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos.
f) A pesar de que, tal vez, la purificación del alma puede ser instantánea, no hay problemas en orar por las almas de los fieles difuntos que tuvieron tal destino. Como Dios está "fuera del tiempo", conoce el pedido desde toda la eternidad, lo que significa que puede aplicar su pedido a cualquier período de tiempo en que este sea relevante.
g) Según sus defensores, la teoría del Purgatorio es perfectamente bíblica. (2° Macabeos 12:45-46, Malaquías 3:2, Malaquías 4:1, Mateo 5:26, Mateo 12:31, 2°Timoteo 1:16-18, 1°Corintios 3:12-15)
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Bueno, hasta aquí una breve referencia de la doctrina católica referente al Purgatorio, expresado de manera tal que signifique una explicación mas completa de lo expresado en el Catecismo de la Iglesia Católica. Podríamos haber expuesto muchos mas comentarios. No obstante, para favorecer la dinámica del estudio, decidimos compartir solo estos, los cuales consideramos sirven como suficiente sustento para demostrar la creencia sostenida por el catolicismo
El Purgatorio: una Doctrina Católica Imprescindible
(extracto del libro "El Evangelio según Roma" de James McCarthy - Editorial Portavoz - Pag. 96-97)
A pesar de que no hay base bíblica para el Purgatorio, hay una fuerte necesidad filosófica para esta doctrina en la teología católico romana. La Iglesia Católica considera que la salvación es como un objeto de adorno o embellecimiento del alma. Es un proceso que comienza con el bautismo, mediante el cual se infunde la gracia santificante inicial. Se supone que esto hace al alma santa e inherentemente agradable a Dios. Otros sacramentos y buenas obras justifican más al alma y la hacen más atractiva a Dios. El objetivo es transformar el carácter esencial del alma en algo que en sí mismo sea objetivamente bueno. Por lo tanto, es lógicamente razonable requerir la limpieza total de cada vestigio de pecado antes que el alma pueda entrar en la presencia de Dios. Por consiguiente, el Purgatorio es la extensión lógica del proceso de salvación de la Iglesia Católica.
El Purgatorio es también un elemento integral del sistema penitencial católico romano. Según la Iglesia Católica, cada pecado acredita castigo temporal a la cuenta del pecador. Los actos de penitencia, sufrimiento e indulgencia adeudan dicha cuenta. Puesto que los pecadores no pueden pagar totalmente por el pecado en esta vida, el Purgatorio en el más allá es necesario para hacer el balance del libro mayor.
Finalmente, la Iglesia Católica usa el Purgatorio para motivar a los católicos a que vivan una vida de justicia. Si no hubiera Purgatorio, piensa la Iglesia, la gente continuaría pecando sin temor.
La salvación bíblica, por otra parte, no tiene necesidad de un lugar como el Purgatorio. La salvación bíblica no depende de las obras ni del sufrimiento de pecadores, sino solamente de Cristo. El Señor Jesucristo efectuó «la purificación de nuestros pecados» (He. 1:3) en la cruz. Su sangre puede limpiar al más vil pecador (He. 9:14). No queda ningún castigo temporal por el cual el creyente deba expiar; Jesús pagó por todo: «Y él es la propiciación por nuestros pecados» (1 Jn. 2:2).
La salvación bíblica no tiene necesidad de un lugar como el Purgatorio donde el alma supuestamente se vuelve objetivamente hermosa para Dios. Más bien está arraigada en la imputación de la propia justicia perfecta de Dios (2 Co. 5:21). La salvación bíblica produce una justicia que es por la fe desde el principio hasta el fin: «Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe ... » (Ro. 1: 17). El pecador coloca su confianza en Cristo para la justificación. Camina por fe, y mediante la capacitación del Espíritu vive rectamente. Sin embargo, no tiene la esperanza de que alguna vez podría ser personal y objetivamente tan bueno en sí mismo como para comparecer en la presencia de Dios. Confía sólo en Cristo para la salvación (Fil. 3:7-9).
En vez de centrarse en las buenas obras y el sufrimiento de la persona, la salvación bíblica destaca la perfecta obra de Cristo. Cristo es suficiente para presentar a los pecadores ante Dios «sin mancha delante de su gloria con gran alegría» (Jud. v. 24). Dios no mira más a la persona como a un pecador inmundo, sino que lo ve sólo en Cristo (Ef. 1: 1- 14), «santos y sin mancha delante de él» (Ef. 1:4).
Finalmente, la salvación bíblica involucra un nuevo nacimiento que resulta en una nueva creación (Jn. 3:7; Ef. 2:15). Un cristiano nacido de nuevo quiere obedecer a Dios. Es motivado por el amor de Cristo, no por el temor de una dolorosa retribución (2 Co. 5:14; Ro. 8: 15).
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La ( supuesta ) Base Bíblica del Purgatorio
Sin bien, para sustentar el fundamento de la doctrina del Purgatorio en las Sagradas Escrituras se menciona una serie de textos bíblicos, en realidad la mayoría no hace mas que incluir en él la palabra "fuego" o "purificación", no involucrando en el texto ninguna mención directa al tan mentado sitio de santificación final.
Ni la palabra "Purgatorio" misma, ni la idea del Purgatorio, puede encontrarse, aunque sea una sola vez, en toda la Biblia.
El texto que podemos considerar como el mas firme utilizado por la Iglesia Católica para sustentar la divinidad del Purgatorio, es el de 2° Macabeos 12:46, tal cual es mencionado en el Catecismo de la Iglesia Católica N° 1032, y el cual se refiere a un acontecimiento que ocurrió 160 años antes de Cristo, durante una guerra entre Judas Macabeo, un general judío, y Georgias, gobernador de Idumea.
Dice 2° Macabeos 12:46
"Es, pues, un pensamiento santo y saludable rogar por los difuntos, a fin de que sean libres de las penas de sus pecados."
No obstante, tenemos malas noticias para quienes pretenden sustentar bíblicamente el Purgatorio con 2° Macabeos 12:46. Este versículo tiene 2 heridas mortales que lo dejan totalmente fuera de cualquier consideración.
Para explicar la primera herida, basta con decir que el libro de 2° Macabeos es uno de los libros apócrifos (deuterocanónicos) de las Biblias católico romanas. Este libro del Antiguo Testamento nunca formó parte del Canon de la Ley Judía. El autor anónimo de 2° Macabeos no afirma hablar por Dios. Ni siquiera presenta su libro como una obra original. Declara que esto es un compendio de los escritos de otro hombre: "La historia de Judas el Macabeo... fue narrada por Jasón de Cirene en cinco libros, que nosotros nos proponemos compendiar en un solo volumen." (2° Macabeos 2:20-24 NC)
El mismo libro de Macabeos declara que no había profetas en ese tiempo y por lo tanto la inspiración de Dios había cesado: "Hubo una opresión tal en Israel cual no se había conocido desde que no había profeta" (1° Macabeos 9:27). Y de nuevo: "Y que los judíos y los sacerdotes a una habían resuelto que Simón fuese su caudillo y Sumo Sacerdote hasta la aparición de un profeta acreditado." (1° Macabeos 14:41)
Por consiguiente, los dos libros de Macabeos, en el mejor de los casos, sólo pueden considerarse como relatos históricos, pero no como Escritura, puesto que Dios no estaba inspirando a ninguno entre Su pueblo. Se hace evidente, entonces, de que uno no puede dar apoyo a ninguna doctrina verdadera citando este tipo de fuente.
La segunda herida, no menos mortal que la anterior, se basa en una explicación que amerita la comprensión total del relato de 2° Macabeos 12. Dice así:
"Al día siguiente fue Judas con su gente para traer los cadáveres de los que habían muerto en el combate, y enterrarlos con sus parientes en las sepulturas de sus familias; y encontraron debajo de la ropa de los que habían sido muertos algunas ofrendas de las consagradas a los ídolos que había en Jamnia, cosas prohibidas por la ley a los judíos (*Deuteronomio 7:25-26); con lo cual conocieron todos evidentemente que esto había sido la causa de su muerte. Por tanto, bendijeron a una los justos juicios del Señor, que había manifestado el mal que se quiso encubrir; y en seguida poniéndose en oración rogaron a Dios que echase en olvido el delito que habían cometido. Al mismo tiempo el esforzadísimo Judas exhortaba al pueblo a que se conservase sin pecado, viendo delante de sus mismos ojos lo sucedido por causa de las culpas de los que habían sido muertos. Y habiendo recogido en una colecta que mandó hacer doce mil monedas de plata, las envió a Jerusalén, a fin de que se ofreciese un sacrificio por los pecados de estos difuntos, teniendo, como tenía, buenos y religiosos sentimientos acerca de la resurrección. (Pues si no esperara que los que habían de resucitar, habría tenido por cosa superflua e inútil rogar por los difuntos), y porque consideraba que a los que habían muerto después de una vida piadosa, les estaba reservada una gran misericordia. Es, pues, un pensamiento santo y saludable rogar por los difuntos, a fin de que sean libres de las penas de sus pecados." (2° Macabeos 12:39-46, Biblia de Félix Torres Amat)
Según la doctrina del Purgatorio, quienes tienen como destino el Infierno, no tienen segundas oportunidades. Solo quienes mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, visitan el Purgatorio luego de su muerte.
Las personas mencionadas en 2° Macabeos 12:46 habían sido culpables de un acto que es ABOMINACION a los ojos de Dios: el tomar ofrendas consagradas a los ídolos (Deuteronomio 7:25-26) "y encontraron debajo de la ropa de los que habían sido muertos algunas ofrendas de las consagradas a los ídolos que había en Jamnia, cosas prohibidas por la ley a los judíos con lo cual conocieron todos evidentemente que esto había sido la causa de su muerte". Por lo tanto, esta actitud habría enviado a esos hombres, no al Purgatorio, sino al infierno, del cual nadie los puede sacar. De allí que la idea de orar por ellos es inútil, y difícilmente podría aceptarse como buena base (...y "bíblica"...) para aceptar la doctrina del Purgatorio.
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Más sobre el Purgatorio
(extracto del libro "Una Mujer Cabalga la Bestia" de Dave Hunt - Editorial The Berean Call)
Como lo indican las citas de la página anterior, el catolicismo enseña que aunque la muerte de Cristo hizo posible que los pecados fuesen perdonados, el pecador perdonado debe sufrir algún dolor o tormento de intensidad y duración desconocidas a fin de ser purificado y, por consiguiente, hecho apto para el cielo. Mientras el catolicismo dice que es teóricamente posible ser limpiado mediante los sufrimientos de esta vida y la muerte personal, ninguno, ni siquiera el Papa mismo, puede saber si es que tal cosa ha ocurrido. En consecuencia, casi todos los católicos esperan pasar algún tiempo de duración desconocida en el Purgatorio. El no aceptar la doctrina del Purgatorio trae la excomunión automática de la Iglesia Católica Romana.
Tanto el Concilio de Trento como el Segundo Concilio Vaticano hablan de los que, a pesar de que Cristo sufrió por sus pecados, "todavía deben hacer expiación [por sus pecados] en el fuego del Purgatorio". Aquí se da más explicación de esta doctrina por el Segundo Concilio Vaticano :
"La doctrina del Purgatorio demuestra con claridad que aun cuando la culpa del pecado ha sido eliminada, la pena de ella o las consecuencias de la misma pueden continuar para ser expiadas o limpiadas... En el Purgatorio las almas de los que han muerto en la caridad de Dios y se han arrepentido verdaderamente, pero que no habían hecho satisfacción con la penitencia adecuada por sus pecados y omisiones, son limpiadas después de la muerte con castigos designados para purificar la deuda." (Flannery, op.cit., tomo2, pp. 63-64)
¿Qué es "penitencia adecuada"? Nadie lo sabe. La Iglesia jamás la ha definido.
¿Dónde dice la Biblia que el castigo purifica del pecado? No lo dice.
Los orígenes, desarrollo y propósito de esta doctrina
La idea del Purgatorio, un lugar ficticio de purificación final, fue inventada por el Papa Gregorio el Grande en el año 593. Había tal renuencia en aceptar la idea (puesto que era contraria a la Escritura) que el Purgatorio no se hizo un dogma católico oficial por casi 850 años, en el Concilio de Florencia en 1439. Ninguna doctrina ha aumentado tanto el poder de la Iglesia sobre sus miembros ni añadido tanto a sus ingresos. Hasta este día la amenaza del Purgatorio cuelga sobre los católicos, quienes por lo tanto dan ofrendas con frecuencia a la Iglesia por su ayuda en sacarlos de ese lugar de tormento imaginario.
Roma promete que si se siguen sus decretos la persona finalmente será librada del Purgatorio y entrará al cielo. Sin embargo, la Iglesia jamás ha podido definir por cuánto tiempo cualquier persona debe pasar en el Purgatorio, ni cuánto de ese tiempo se acorta por cualquier medio que se ofrezca. Es una necedad extrema confiar la liberación del individuo del Purgatorio a una Iglesia que ni siquiera puede definir cuánto tiempo la persona debe pasar allí por cada pecado, ni cuánto tiempo cada ritual o acto de penitencia reduce el sufrimiento purgatorial. No obstante, los católicos continúan dando ofrendas a la Iglesia, y grandes sumas se dejan en testamentos (recuérdese a Enrique VIII) para hacer que se oficien muchas misas en favor del difunto. Ese proceso nunca se detiene, siempre se necesitan más misas, "por si acaso".
El Concilio de Trento, el Segundo Concilio Vaticano, y el Código del Derecho Canónico resultante, contienen muchas reglas complejas para aplicar los méritos de los vivos, y especialmente las misas, a los difuntos en la purificación de sus pecados y para reducir el tiempo en el Purgatorio:
"La Iglesia ofrece el Sacrificio Pascual por los difuntos a fin de que ... los muertos puedan ser ayudados por las oraciones y los vivos puedan ser consolados por la esperanza. Entre las misas por los difuntos, la Misa de Funeral es la que tiene el primer lugar en importancia ... Una misa por los difuntos puede celebrarse tan pronto como se reciban las noticias de una muerte ..." (Flannery, op.cit., tomo2, pp. 205)
Uno de los principales promotores de esta doctrina horriblemente falsa pero ingeniosamente lucrativa, fue un monje agustiniano de nombre Augostino Trionfo. En su época (el siglo XIV los Papas gobernaban como monarcas absolutos, tanto respecto al cielo como a la tierra. Mediante su poder de atar y desatar, ellos no sólo establecían y deponían reyes y emperadores, sino que se creía que podían, a discreción, abrir y cerrar las puertas del cielo a la humanidad. El genio de Trionfo extendió esta autoridad, por orden del Papa Juan XXII, a un tercer reino. Von Dollinger explica:
"Se había dicho que el poder del vicario de Dios se extendía sobre dos reinos, el terrenal y el celestial ... Desde fines del siglo XIII se añadió un tercer reino, el imperio gobierno sobre el cual los teólogos de la Curia habían asignado al Papa - el Purgatorio." (J.H. Ignaz von Dollinger, The Pope and the Council (Londres, 1869), pp.186-187)
Una contradicción fatal
Sólo la sumisión ciega a la Iglesia impide que el adherente católico romano vea que la doctrina de Purgatorio contiene una contradicción obvia y fatal. Por una parte, se nos dice que el sacrificio de Cristo no es suficiente para llevar a uno al cielo, pero además de los sufrimientos de Cristo en la cruz, el pecador perdonado debe personalmente sufrir tormento para ser purificado de su pecado. Por la otra, sin embargo, y en contradicción directa, se dice que la misa, la cual es la representación o renovación perpetua del sacrificio de Cristo, reduce (por una cantidad desconocida) los sufrimientos del individuo. Presuntamente, si se oficiaran suficientes misas uno sería purificado por la expiación de todos los pecados sin ningún sufrimiento en absoluto. Por consiguiente, después de todo, uno no debe sufrir para ser purificado.
Si uno realmente tuviera que sufrir antes de que las puertas del cielo pudieran abrirse, la Iglesia no tendría nada que ofrecer y perdería un importante medio de ingreso. Lo mismo sería cierto si el sacrificio de Cristo por el pecado, como la Biblia lo enseña, fuese suficiente para purificar al pecador. Nuevamente, la Iglesia Católica iría a la bancarrota. Por lo tanto, para que la Iglesia siga funcionando con sus cofres llenos, se enseña que uno puede purificarse del pecado por ciertos medios que la Iglesia le puede proveer, y que el sacrificio de Cristo en la cruz no fue suficiente para purificar del pecado, por lo que a la misa, por la cual la Iglesia recibe ingresos, se le puede acreditar la reducción del sufrimiento en el Purgatorio y la apertura de la puerta del cielo. ¡Es asombroso que lo que el sufrimiento de Cristo en la cruz no pudo efectuar, las alegadas repeticiones de ese sufrimiento representadas sobre los altares católicos pueden lograrlo!
Si la "purificación" que nos hace "limpios" ante Dios dependiera del personal sufrimiento de la persona en algún lugar o estado denominado "Purgatorio", entonces la Biblia miente
Escrito está...
"Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.”
(Judas 1:24-25)
"¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios."
(1° Corintios 6:9-11)
" Consumado es "
(Juan 19:30)
"¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?
4.2 EL ALMA
A la luz de lo anterior debería ser inconcebible que el hombre tenga un ‘alma inmortal’ o algún elemento inmortal en su interior por naturaleza. Ahora intentaremos aclarar la confusión que rodea la palabra ‘alma’.
Las palabras hebrea y griega (nefesh y psique, respectivamente) que se traducen como ‘alma’ en la Biblia también se traducen de las siguientes maneras:
cuerpo; aliento; ser; corazón; mente; persona; él mismo
Por lo tanto, ‘alma’ se refiere a la persona, cuerpo o ser. El famoso S.O.S. (‘salven nuestras almas’) significa claramente ¡Sálvennos de la muerte! Por lo tanto el ‘alma’ es ‘usted’, o la suma de todo lo que forma una persona. Por lo tanto, es comprensible que muchas versiones modernas de la Biblia (por ejemplo, la Biblia de Jerusalén) raramente usan la palabra ‘alma’, traduciéndola, en cambio, como ‘usted’ o ‘la persona’. A los animales que creó Dios se les llama "seres vivientes... todo ser viviente" (Gn. 1:20,21). La palabra hebrea que aquí se tradujo como "ser" es "nefesh", que también se traduce como ‘alma’, por ejemplo en Génesis 42:21: "... vimos la angustia de su alma". De modo que el hombre es un ‘alma’, tal como los animales son ‘almas’. La única diferencia entre el género humano y los animales es que el hombre es mentalmente superior a estos; él ha sido creado a imagen de Dios (Gn. 1:27; véase el Estudio 1.2), y algunos hombres son llamados a conocer el evangelio por cuyo intermedio tienen acceso a la esperanza de inmortalidad 2 Ti. 1:10). Con respecto a nuestra naturaleza fundamental y a la naturaleza de nuestra muerte, no hay diferencia entre el hombre y los animales:
"Lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es [note el doble énfasis]: como mueren los unos, así mueren los otros... ni tiene más el hombre que la bestia... Todo [es decir, el hombre y los animales] va a un mismo lugar [el sepulcro]; todo es hecho de polvo, y todo volverá al mismo polvo" (Ec. 3:19,20).
El escritor inspirado de Eclesiastés rogó que Dios ayudara a los hombres a darse cuenta de este difícil hecho:
"Que [los hombres] vean que ellos mismos son semejantes a las bestias" (Ec. 3:18).
Por lo tanto, es de esperar que mucha gente encontrará este hecho difícil de aceptar; en verdad, puede ser humillante darse cuenta de que por naturaleza no somos más que animales, viviendo toda la vida los mismos instintos de autopreservación, supervivencia del más apto y procreación. Eclesiastés 3:18 dice que Dios ‘prueba’ al hombre haciéndole ver que no es más que un animal; es decir, aquellos que son suficientemente humildes para ser su verdadero pueblo se darán cuenta de la verdad de esto, pero aquellos que no lo son no pasarán esta ‘prueba’. La filosofía del humanismo – la idea de que los seres humanos son de suprema importancia y valor- se ha difundido silenciosamente en todo el mundo durante el siglo veinte. Es una tarea considerable limpiar nuestro pensamiento de la influencia del humanismo. Las claras palabras de Salmos 39:5 son de ayuda: "Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive". "Ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos" (Jer. 10:23).
Una de las cosas más básicas que conocemos es que todos los cuerpos humanos – en verdad todos "los seres vivientes" – finalmente mueren. Por lo tanto, el ‘alma’ muere; es exactamente lo opuesto a algo que sea inmortal. En realidad, de las 754 veces que la palabra hebrea nefesh aparece en las Escrituras, 652 se refieren a la muerte del alma. No es sorprendente que casi un tercio de todos los usos de las palabras traducidas en la Biblia como ‘alma´ se relaciona con la muerte y destrucción del alma. El hecho mismo de que la palabra ‘alma’ se use de esta manera muestra que no puede ser algo indestructible e inmortal:
- "El alma que pecare, esa morirá" (Ez. 18:4).
- Dios puede destruir al alma (Mt. 10:28). Otras referencias a que las almas son destructibles son: Ez. 22:27; Pr. 6:32; Lv. 23:30 (en esta última, la palabra nefesh ha sido traducida, persona).
- Todas las almas que estaban dentro de la ciudad de Hazor fueron muertas por espada (Jos. 11:11; compárese con Jos. 10:30-39).
- "... murió todo ser vivo [psique]" (Ap. 16:3; compárese con Sal. 78:50).
- La palabra hebrea nefesh también es traducida muerto en Números 9:6. Ningún hombre puede detener la muerte de su alma, es decir, su entrada al sepulcro (Sal. 89:48).
- Frecuentemente la ley de Moisés mandaba que toda "persona" (alma) que desobedeciera ciertas leyes debería ser muerta (por ejemplo, Nm. 15:27-31).
- Referencias a que el alma es estrangulada o atrapada con lazos sólo puede tener sentido si se entiende que el alma puede morir (Pr. 18:7; 22:25; Job 7:15).
- Nadie "puede conservar la vida a su propia alma" (Sal. 22:29).
- Cristo "derramó su alma [nefesh] hasta la muerte", de modo que su ‘alma’ o vida, fue hecha un sacrificio por el pecado (Is. 53:10,12).
Que el alma se refiere a la persona o cuerpo y no a alguna chispa inmortal en nuestro interior queda demostrado por la mayoría de los versículos donde aparece la palabra. Algunos ejemplos obvios son:
- "... sangre de las almas" (Jer. 2:34, Biblia de Jerusalén).
- "Si alguno [alma] pecare por haber sido llamado a testificar... y no lo denunciare... asimismo la persona que hubiere tocado cualquiera cosa inmunda... o si alguno [un alma] jurare a la ligera con sus labios... " (Lv. 5:1-4).
- "Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser... Bendice, alma mía, a Jehová... el que sacia de bien tu boca" (Sal. 103:1,2,5).
- Números 21:4 muestra que un grupo de personas puede tener un ‘alma’. Por lo tanto, el alma, no puede referirse a alguna chispa de inmortalidad personal en el interior de cada uno de nosotros.
"Porque todo el que quiera salvar su vida [psique], la perderá, y todo el que pierda su vida [alma] por causa de mí... la salvará" (Mr. 8:35). Esto es prueba suficiente de que el alma no se refiere a ningún elemento espiritual en el interior del hombre; aquí, ‘alma’ (griego, ‘psique’) sólo significa la vida física de uno, que es el modo en que aquí se traduce. Debemos entregar nuestras vidas/almas del mismo modo que el Señor en la cruz, quien "derramó su vida hasta la muerte" (Is. 53:12).
PRINCIPIOS BASICOS DE LA BIBLIA
4.1 LA NATURALEZA DEL HOMBRE
La mayoría de la gente parece dedicar poco tiempo a pensar sobre la muerte, o acerca de su propia naturaleza. Esta falta de autoexamen conduce a una falta de autoconocimiento, y por consiguiente la gente va sin rumbo por la vida tomando sus decisiones de acuerdo a los dictados de sus propios deseos naturales. Existe un rechazo, si bien completamente disimulado, a abordar el hecho de que la vida es tan corta que demasiado pronto el final de la vida estará sobre nosotros. "Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece". "Porque de cierto morimos, y somos como aguas derramadas por tierra, que no pueden volver a recogerse". "Como la hierba que crece en la mañana. En la mañana [nuestra juventud] florece y crece; a la tarde es cortada, y se seca" (Stg. 4:14; 2 Sam. 14:14; Sal. 90:5:6). Moisés, un hombre verdaderamente pensante, reconocía esto y rogaba a Dios: "Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría" (Sal. 90:12). Por consiguiente, en vista de la brevedad de la vida, deberíamos hacer de nuestra adquisición de sabiduría verdadera, la prioridad número uno.
La respuesta del hombre a la terminación de la vida es variada. Algunas culturas han tratado de hacer de la muerte y los funerales, una parte de la vida para aminorar el sentido de pérdida y finalización. La mayoría de aquellos que se hacen llamar ‘cristianos’ han concluido que el hombre tiene en su interior un ‘alma inmortal´ o algún elemento de inmortalidad que sobrevive a la muerte, y que después va a algún lugar de recompensa o castigo. En vista de que la muerte es el problema y tragedia más fundamental de la experiencia humana, se ha de esperar que la mente humana se haya adiestrado para aminorar el impacto mental; por lo tanto, ha surgido una completa gama de falsas teorías referente a la muerte y a la naturaleza misma del hombre. Como siempre, estas se deben verificar con la Biblia a fin de encontrar la verdad genuina acerca de este tema vital. Se debe recordar que la primera mentira registrada en la Biblia es la de la serpiente en el huerto del Edén. Contrario a la clara declaración de Dios de que el hombre ciertamente moriría si pecaba (Gn. 2:17), la serpiente afirmó: "No moriréis" (Gn. 3:4). Este intento por negar la finalidad y totalidad de la muerte ha llegado a ser una característica de todas las falsas religiones. Es evidente que, especialmente en esta área, una falsa doctrina conduce a otra, y a otra, y a otra. A la inversa, una verdad conduce a otra, como se muestra en 1 Co. 15: 13-17. Aquí Pablo salta de una verdad a otra (note los "si... si... si").
Para entender nuestra verdadera naturaleza, necesitamos considerar lo que dice la Biblia acerca de la creación del hombre. El relato está en un lenguaje tan claro que no nos deja duda acerca de lo que exactamente somos por naturaleza (Véase Digresión 18 referente a la realidad literal del Génesis). "Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra... porque de ella [de la tierra] fuiste [Adán] tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás" (Gn. 2:7; 3:19). Aquí no hay absolutamente insinuación alguna de que el hombre tiene alguna inmortalidad inherente; no hay ninguna parte de él que continúe viviendo después de la muerte.
Hay un marcado énfasis bíblico en el hecho de que el hombre está compuesto fundamentalmente de polvo, solamente. "Nosotros [somos] barro" (Isaías 64:8); "El primer hombre es de la tierra, terrenal" (1 Co. 15:47); "cuyos cimientos [del hombre] están en el polvo" (Job 4:19); "y el hombre volvería al polvo" (Job 34:14,15). Abraham admitió que él era "polvo y ceniza" (Gn. 18:27). Inmediatamente después de haber desobedecido el mandato divino en el Edén, Dios "echó, pues, fuera al hombre... [para] que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre" (Gn. 3:24,22). Si el hombre por naturaleza tiene algún elemento inmortal en su interior, esto habría sido innecesario.
LA INMORTALIDAD ES CONDICIONAL
El mensaje del evangelio, reiterado constantemente, es que el hombre puede encontrar un camino para ganar vida eterna e inmortalidad por medio de la obra de Cristo. En vista de que este es el único tipo de inmortalidad que menciona la Biblia, se entiende que la idea de una eternidad de sufrimiento consciente por hechos pecaminosos, no tiene ningún apoyo bíblico. El único modo de ganar inmortalidad es por medio de la obediencia a los mandatos de Dios, y aquellos que son así obedientes pasarán la inmortalidad en un estado de perfección – el galardón de los justos.
Los siguientes pasajes deberían ser prueba suficiente de que esta inmortalidad es condicional, y que no es algo que poseamos por naturaleza:
-"Jesucristo... sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio" (2 Ti. 1:10; 1 Jn. 1:2).
-"Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros [es decir, inherente en vosotros]. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero" [para darle esta "vida eterna"] (Jn. 6:53,54). El razonamiento de Cristo en todo el capítulo 6 de Juan es que él es el "pan de vida", y que sólo por medio de una correcta respuesta a él puede haber alguna esperanza de inmortalidad (Jn. 6:47,50,51,57,58).
-"Dios nos ha dado [a los creyentes] vida eterna; y esta vida está en su hijo" (1 Jn. 5:11). No puede haber ninguna esperanza de inmortalidad para aquellos que no están "en Cristo". Sólo por medio de Cristo se ha hecho posible la inmortalidad; él es el "Autor de la vida [eterna]" (Hch. 3:15), "autor de eterna salvación para todos los que le obedecen" (He. 5:9). Por lo tanto, la inmortalidad para los hombres se originó por medio de la obra de Cristo.
-El verdadero creyente busca la inmortalidad, y será galardonado por esto con el don de la vida eterna, algo que no posee por naturaleza (Ro. 2:7; 6:23; Jn. 10:28). Es necesario que nuestro cuerpo mortal "se vista de inmortalidad" al regreso de Cristo (1 Cor. 15:53); de modo que la inmortalidad es algo prometido, que no se posee actualmente (1 Jn. 2:25).
-Si Cristo no hubiera resucitado entonces quienes han muerto en él perecerían (1 Co. 15:18). De aquí que ellos no tenían ‘almas inmortales’ que fueran galardonadas en el cielo o en el infierno.
-Sólo Dios tiene inmortalidad por naturaleza (1 Ti. 6:16).
miércoles, 26 de enero de 2011
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