miércoles, 10 de marzo de 2010

HISTORIA DE NUESTROS HIMNOS

Aurelio Clemente Prudencio (348-413)

En España y Roma durante el Imperio Romano, vivió uno de los primeros poetas cristianos, Aurelio Prudencio. Fue un próspero magistrado y luchó contra la idolatría y los sanguinarios juegos de los gladiadores. A los 57 años se dedicó a escribir libros teológicos e himnos, como el himno “Fruto del amor divino”, que exalta a Jesucristo. Originalmente en Latín, los cristianos han cantado este hermoso canto llano en diversos idiomas por mas de un milenio y medio.

Isaac Watts (1674-1748)

Isaac Watts bien merece el título “Prócer de la himnodia”. Comenzó a escribir poesías a temprana edad, y a los cuatro años aprendió el latín, y siguió con el griego, el francés y el hebreo.

Un día el inquieto niño de cinco años no podía contener la risa, aunque se estaba celebrando un culto solemne. Al demandarle su papá la razón, le explicó que había visto un ratoncito subir por un lazo y al instante se le ocurrió una poesía alusiva. No sospechaba ni el padre ni el niño que esta gran facilidad para escribir versos se convertiría en un ministerio grandemente usado por Dios.

En Inglaterra se acostumbraba cantar solo salmos con música muy lenta. A los 18 años, Watts se quejó de esta situación. Bueno, le contesto su padre, anciano de la iglesia, danos algo mejor. Fue así que escribió el primero de más de 600 himnos y abrió la puerta al canto congregacional. A pesar de su mala salud, Watts editó tres himnarios y escribió 60 libros sobre diversos temas teológicos y científicos.

Compuso los himnos “Al trono majestuoso”, “Nuestra esperanza y protección”, “Venid, nuestras voces unamos”, “Al mundo paz”, “La cruz excelsa al contemplar” y “A Dios, naciones, dad loor”.


Martín Lutero (1483-1546)

El caballero de Erback, en cierta madrugada primaveral, preparaba una emboscada para capturar al reformador Martín Lutero. De pronto su habitación en el mesón fue invadida por una resonante voz que desde el siguiente cuarto entonaba un salmo. El caballero concluyó que el cantante debía ser un capellán, así que decidió pedir su bendición para la campaña contra los “herejes”. Tocó a la puerta y explicó su misión. El hombre le contestó: Si a Lutero buscas no tienes que ir muy lejos. ¡Yo soy Lutero! El caballero no podía creer que un hombre con tal devoción fuera “ hereje”. Le demandó la razón de sus convicciones y habiendo sido persuadido por las pruebas bíblicas, se convirtió en un seguidor de Cristo y defensor del reformador.

Lutero impulsó la música cristiana y promovió el canto congregacional. Se le ha llamado “el padre de la himnodia evangélica”. Escribió varios himnos de los cuales el más conocido es “Castillo fuerte es nuestro Dios”

La hermosa visión de la cruz.

El destacado poeta guatemalteco, Raúl Mejía González, llegó a ser conocido como el borracho de su pueblo, Chiquimula, debido al vicio del licor. Atormentado por alucinaciones de ser perseguido por el diablo, un día le pareció oír que Satanás le condenaba eternamente y que se encontraba sin esperanza. Su pánico fue tal, que cayó sin fuerzas. Al rato pudo levantarse y corrió a la casa de un misionero evangélico gritando. ¡Socorro! ¡He visto el infierno! Después de leer algunos pasajes de la Biblia y entender el mensaje de salvación, Raúl recibió a Cristo por la fe y su vida fue transformada. Escribió el himno “La hermosa visión” como su testimonio personal.